Así cambiaron un grupo de mujeres valientes el sistema desde el sistema: las madres de la reforma de mayo de 1975

El 2 de mayo de 1975 el Boletín Oficial del Estado publicaba una reforma sobre la situación jurídica de la mujer casada y los derechos y deberes de los cónyuges. Un texto que modificaba artículos del Código Civil y del Código de Comercio que acababa con la denominada licencia marital en España. Un momento que supuso toda una revolución en el avance por la igualdad real entre mujeres y hombres, coincidiendo con la proclamación de Naciones Unidas del año de las mujeres.

La ONU era muy clara en su informe de la Conferencia que celebró en México a tenor de este Año Internacional de las Mujeres, que comenzaba así: “Consciente de que los problemas de las mujeres, que constituyen la mitad de la población mundial, son problemas de la sociedad en su conjunto y de que los cambios en la actual situación económica, política y social de la mujer deben pasar a ser parte integral de los esfuerzos encaminados a transformar las estructuras y actitudes que entorpecen la auténtica satisfacción de sus necesidades”.

Pero el cambio en España no fue solo histórico por su contenido, sino también por su forma, ya que estas modificaciones legales se consiguieron gracias a la participación en las instituciones del Estado, a través de la Asociación Española de Mujeres Juristas. De ello fueron responsables cuatro mujeres, luchadoras y valientes: María Telo, Carmen Salinas Alfonso, Concepción Serra Ordóñez y Belén Landáburu, además de la participación de otras mujeres juristas que contribuyeron en esta causa, como Consuelo Abril.

Tanto Landáburu como Abril son dos de las figuras históricas que han participado en la presentación de las Mesas de Igualdad del ICAM, cuyo objetivo es plantear medidas y acciones concretas en línea con la Estrategia de Género del Colegio, impulsada por la Vicedecana Isabel Winkels.

Landáburu recuerda a María Telo como “una mujer muy minuciosa que conocía muy bien el Derecho” y Abril destaca que “todo aquello que fuera bueno para las mujeres y, sobre todo, para las mujeres juristas, le parecía algo extraordinario”.

 

Telo fue precisamente la impulsora de la Asociación Española de Mujeres Juristas, en la que también participó Consuelo Abril. Para ella, la asociación tenía un denominador común: todas las personas que la integraban querían la defensa de los derechos de las mujeres.

Mayo del 75: un camino hacia la igualdad

Sin una de estas mujeres no podría entenderse la historia de la lucha por la Igualdad en España. Belén Landáburu, procuradora en las Cortes franquistas por Burgos, ya había expuesto en 1972 un dictamen que consiguió equiparar la mayoría de edad de las mujeres a la de los hombres: de los 25 a los 21 años. Era uno de los primeros pasos de una carrera sin fin para avanzar en igualdad de derechos, que culminaría con la reforma del 75. Para Landáburu, “el final de un sueño”.

Esa reforma devolvía a las mujeres casadas su capacidad jurídica, acabando así con la representación legal que tenían sus maridos respecto de sus cónyuges. Así, desaparece la licencia marital y las mujeres ya no necesitaban el permiso de sus maridos para realizar actos jurídicos y ejercer sus derechos y acaba con la premisa de que los hombres deben proteger a las mujeres y estas obedecerlos.

Este cambio legislativo no estuvo exento de problemas: los hombres seguían siendo los administradores de las sociedades de gananciales, por lo que tenían el control económico, y, además, muchos notarios y registradores se negaban a cumplir la nueva ley cuando las mujeres querían legalizar las compras de bienes inmuebles. Una situación que no terminaría hasta 1977, cuando la Dirección General de Registros y del Notariado resolvió que las mujeres, aún estando casadas en régimen de gananciales y sin la autorización del marido, podían comprar propiedades.

Pero, además, de esa reforma “quedaron muchas cosas pendientes”, como recuerda Landáburu.

Los méritos de Landáburu no se quedan ahí. A las reformas del 72 y del 75 se suman el haber sido la única mujer en la ponencia de la Ley para la Reforma Política de 1977, que abrió el camino a la normalización democrática de España —el llamado Harakiri de las Cortes franquistas— y acabó con el régimen franquista desde dentro.

Sus reconocidos méritos le valieron su nombramiento como senadora por designación real
en el año 1977, en la legislatura que redactó y promulgó la Constitución del 78, dedicando
expresa atención a los artículos 14 y 31 de la Constitución.

Desde dentro ha conseguido todo Belén Landáburu: logros tales como acabar con la ley marital o abrir España a la democracia. Landáburu siempre tuvo claro que los cambios pasaban por el sistema, como ella misma afirmaba en la desaparecida Gaceta Ilustrada: “Creo que la forma de lograrlo es precisamente haciendo lo que yo hago. Es decir, estar en el sistema, participar en las decisiones del sistema y arrimar el hombro a todo aquello que ha supuesto la evolución”.

 

Entrevista a Belén Landáburu en La Gaceta Ilustrada, sin fecha conocida | Fuente: Archivo Linz de la Fundación March

 

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