La abogacía in house, a fondo: su experiencia y perfil multidisciplinar le hacen ganar relevancia

Ilier Navarro
Ilier Navarro
Periodista especializada en información de tribunales

La abogacía es una profesión que crece y se adapta a las distintas realidades de un mundo en constante transformación y los abogados y abogadas in house son una prueba de ello. Los profesionales del derecho que forman parte de las asesorías jurídicas de las empresas se han adaptado a las nuevas necesidades del tejido productivo y de los sectores en los que operan las compañías para las que trabajan con excelencia, aportando sus conocimientos en múltiples áreas de práctica y adecuándose a retos como la innovación y la regulación que aplica a las distintas industrias. En una clara apuesta por conocer en profundidad el día a día, las inquietudes, las necesidades y las demandas de este segmento, el Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM) ha dedicado su II gran estudio a estos profesionales con un objetivo: defender y fortalecer su papel dentro de la profesión y ponerlo en valor de cara a la sociedad. Estos son algunos de los principales resultados de esta última radiografía de la abogacía de empresa


El informe recoge los resultados de un estudio demoscópico digital que se ha desarrollado de la mano de la consultora GAD3. En total, 893 profesionales respondieron 24 preguntas entre el 4 y el 18 de febrero. Se reparten en igual proporción entre hombres y mujeres y, en cuanto a la edad, la mayor parte (35%) está en la franja que va de los 46 a los 55 años y el 20% son jóvenes, menores de 35 años.

Un primer dato ilustrativo es que más de 8 de cada 10 están colegiados en el ICAM como abogados ejercientes, mientras que un 14% también lo está, pero como no ejerciente. Solo un 4% de quienes han participado en el informe no están colegiados. Sobre esto, la diputada del ICAM responsable de abogacía de empresa, Ana Buitrago recuerda que la diferencia de cuota para ser ejerciente no es significativa, pero la ventaja es mayor. “Los colegiados ejercientes están protegidos por el secreto profesional en cualquier tipo de relación laboral. Cuentan con asistencia inmediata por parte del Colegio, incluso con personación durante inspecciones de cualquier autoridad que afecte la compañía para velar que se aplica esta garantía a la documentación de asesoramiento jurídico. La protección no es para el abogado, sino para el cliente: se protege la confidencialidad de las comunicaciones”, subraya.

Por su parte, la diputada del ICAM Teresa Mínguez recuerda que la profesión de abogado está regulada por la Directiva 77/249/C de libre prestación de servicios. “Esto significa que debes tener la cualificación profesional correspondiente y, además, la colegiación. Contamos con un marco común para proteger el secreto profesional, de enorme relevancia para el abogado de empresa, que tiene que estar colegiado como ejerciente”, puntualiza.

Perfil experto, multitarea y en evolución

La exclusividad marca la relación de los letrados in house respecto de la empresa a la que asesoran: el 81% se encuentra en este escenario. El 19% restante compagina esta actividad con otras ocupaciones. Si nos centramos en la trayectoria y en la experiencia que acumulan, todos aportan un bagaje profesional de valor, con varios años de desempeño previo en bufetes o en otras áreas. Más de 7 de cada 10 ha ejercido la abogacía en un despacho antes de integrarse en el mundo corporativo, el 10% había desarrollado su carrera en un organismo público y el 7% ha ejercido en el campo de la docencia y de la investigación. La estabilidad laboral es también un dato que destacar, con largas carreras, ya que casi un tercio lleva más de 20 años como abogado in house y el 27% lo ha hecho entre 11 y 20 años.

“Hay un alto grado de seniority, una parte importante son directores y asociados sénior. Esto significa que están muy cerca del desarrollo del negocio y que su papel está reforzado, con una labor estratégica cada vez mayor desde las propias asesorías in house”, comenta Teresa Mínguez.


Según el tamaño de la empresa en la que desempeñan su labor, la mayoría trabaja en la asesoría jurídica de una gran empresa, es decir, aquella que cuenta con una plantilla de 250 trabajadores o más. Esta es la realidad para casi 7 de cada 10 participantes (el 68% del total). El 13% de los encuestados está contratado en una empresa mediana, con hasta 249 empleados, mientras que el 11% lo hace en una empresa de tamaño pequeño, es decir, con un máximo de 49 trabajadores en nómina. En el 8% de los casos, el ejercicio de
sus funciones se da en una microempresa, con hasta 10 trabajadores.

Sobre los sectores e industrias en los que las empresas para las que trabajan desempeñan su actividad, la mayoría lo hace en el sector financiero, es decir, banca, seguros y otras entidades de crédito, con el 18% de las menciones. Le siguen de cerca, con un 15%, el sector de la construcción e infraestructuras, casi el mismo porcentaje que el del sector tecnológico (14%). Un 10% desempeña sus funciones en empresas energéticas, aunque más de un cuarto (26%) menciona otras áreas.

En la mayoría de los casos, las asesorías jurídicas suelen tener un tamaño medio. De hecho, casi 4 de cada 10 profesionales afirma que en su departamento trabajan entre 2 y 5 personas. Pero hay un porcentaje similar (34%) de abogados que ejerce sus funciones en un departamento integrado por más de 10 especialistas, mientras que en el 16% de los casos tienen que asumir la función de asesoría jurídica en solitario. En el 13% de los casos, las empresas disponen de asesorías internas con entre 6 y 10 personas trabajando.

En cuanto al nivel jerárquico o el cargo que desempeñan dentro del departamento jurídico, el 39% desempeña funciones de dirección y, por tanto, tiene el máximo grado de responsabilidad. Coincide con el mismo porcentaje en el rol de abogado sénior, mientras que el 7% tiene un perfil junior. Además, el 3% trabaja como paralegal o asistente jurídico. El 10% desempeña otro tipo de funciones.

El profesional de la abogacía interno, mucho más que un asesor legal

A día de hoy, además del asesoramiento legal, los abogados corporativos han incrementado su peso estratégico en áreas relevantes para el desarrollo del negocio. Junto con aportar la perspectiva jurídica en todos los proyectos internos y en los conflictos legales, también han ido asumiendo una serie de funciones adicionales, siendo las más destacadas el cumplimiento normativo, con el 68% de las menciones, seguida de protección de datos (53%) y gestión de riesgos (33%).

“El abogado in house suele ser miembro del comité de dirección. En cuanto a su perfil, tiene que ser una persona rigurosa y creativa, abierta a aprender metodologías para mejorar su capacidad de innovación. También, estar curtido en la calibración de riesgos y en la detección de oportunidades. Además de conocer su negocio y el sector, debe saber de gestión de proyectos, de tecnología, sin olvidar su función jurídica. Es un perfil muy exigente, con una formación y experiencia amplia y diversa”, describe Ana Buitrago.

Y su creciente protagonismo también se traduce en una mayor participación en asuntos y decisiones corporativas de primer nivel, por lo que su opinión experta también se escucha en la estrategia corporativa (31%). Asimismo, son también una pieza clave en el campo de las relaciones institucionales (20%). Otra área en la que tienen un protagonismo creciente como parte de la asesoría jurídica interna es la de sostenibilidad (18%) y también la de recursos humanos (15%). El 22% menciona otras funciones.

“Ha dejado de ser el abogado reactivo, al que el negocio va cuando tiene un problema, a ser muy proactivo, a participar en el diseño de la estrategia empresarial y en la toma de decisiones. Para eso ha tenido que aprender de muchas otras cosas, por encima de materias técnico jurídicas, finanzas, marketing, su producto y su industria. Se sienta a la mesa con todas las demás funciones y negocios”, explica Mercedes Carmona, copresidenta de la sección de Abogacía de Empresa del ICAM.

El perfil multidisciplinar es algo que también caracteriza a estos profesionales, que tienen que abordar asuntos en distintas áreas de práctica debido a que se les exige un asesoramiento integral para el negocio y la atención de diversos asuntos que surgen en el día a día de las empresas. Las disciplinas en las que más intervienen tienen que ver con el área mercantil (62%) y también con los conflictos civiles (40%) y societarios (39%). Asimismo, es muy habitual que aborden el área de cumplimiento normativo (32%) y de derecho administrativo (32%) y procesal (24%), así como el derecho laboral (18%) y fiscal o tributario (9%).

En el 23% de los casos, los abogados de empresa desempeñan también funciones de secretario en su empresa. En concreto, el 14% lo hace como secretario no consejero y el 9% como secretario con funciones de consejero. Además, 4 de cada 10 forma parte del comité de dirección o participa directamente en la toma de decisiones estratégicas.

“Antes, los abogados acudían cuando ya había que cerrar el contrato. Ahora observo justo lo contrario, están más implicados y tienes más fuerza, se cuenta con ellos desde el inicio precisamente para evitar los riesgos de una mala negociación. Ejercemos un rol más de abogacía preventiva y vemos qué se puede hacer para evitar que la redacción de una cláusula nos pueda inferir un riesgo. Tiene un rol más de management, por ver las consecuencias de adoptar una decisión u otra. Quien decide es el CEO, pero apoyado en la opinión de la asesoría jurídica”, explica, Elia Esteban, copresidenta de la sección.

Sí a la IA, pero poco a poco

La digitalización y las nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, están integradas en la mayor parte de los departamentos jurídicos. Solo en el 15% de los casos ni han implantado estos avances ni prevén su integración en el corto plazo. Sin embargo, en más de 8 de cada 10 asesorías sí se está apostando por el uso de herramientas digitales. Sobre el progreso en la adopción de la IA, las respuestas se pueden dividir casi en tres tercios: las que la han implantado, las que están en fase de pruebas y las que lo están valorando.

El 10% de los abogados de empresa señala que en su área se han implementado este tipo de tecnologías de forma completa, mientras que en el 17% ya se han desplegado de forma parcial. En el 31% de los casos, los abogados reconocen que actualmente están inmersos en una fase piloto o de testeo del potencial de esta herramienta y un 26% sostiene que todavía está evaluando la posibilidad de integrarlas.

Los motivos se pueden prever. “Un gran despacho puede arriesgarse a elegir y equivocarse, pero un departamento pequeño debe tener muy claro qué herramienta va a contratar porque si no sirve, tendrá que dar explicaciones por la inversión. Va a ir algo más lento y se van a incorporar las herramientas que generen eficiencia. No va a ser la panacea ni sustituirá al personal, pero habrá que estar preparados. Siempre exigirá de la supervisión del abogado, también por su responsabilidad si se equivoca”, reflexiona Teresa Mínguez.

Para Elia Esteban, se trata de una herramienta que ayuda en el día a día, pero con matices. “La IA está ahí y te va a liberar de tareas puramente mecánicas, revisión de jurisprudencia, de la legislación y ahorras mucho tiempo. Pero la esencia de un buen abogado, la capacidad de negociación, el expertise, nunca lo va a superar. Las habilidades como la improvisación en una argumentación jurídica, la oratoria para convencer a la otra parte o al juzgador del sentido que tiene tu demanda, no lo va a poder hacer”, concluye.

Los retos: ciberseguridad y sostenibilidad

Los riesgos que amenazan la actividad de las empresas, así como su impacto legal, centran la preocupación de las asesorías jurídicas y hacen que la ciberseguridad sea un tema de primer orden. Casi 9 de cada 10 abogados in house reconoce que los ciberriesgos son de los asuntos de mayor interés por el impacto que pueden tener en la continuidad de sus organizaciones. Mercedes Carmona lo confirma: “La ciberseguridad es uno de los mayores riesgos. En las empresas estamos poniendo muchísimo esfuerzo en esta materia y los abogados tenemos que hablar con perfiles fuera de lo jurídico, ingenieros e informáticos, es una labor de equipo. Debemos formarnos en conocimientos técnicos para entender dónde debemos actuar.”

Otro desafío es la sostenibilidad, que está transformando los modelos de negocio, sobre todo en sectores en los que los estándares de cumplimiento son más elevados por imperativo legal. Casi 8 de cada 10 abogados internos aseguran que la estrategia jurídica de su empresa ha integrado los principios ESG (environmental, social and governance, es decir, medioambiente, social y gobernanza) o está en proceso de hacerlo. “Hay grandes empresas con músculo para tener la asesoría jurídica separada de cumplimiento normativo y privacidad, pero a nivel más bajo, la asesoría se encarga de todas las materias, incluida ESG”, explica Mercedes Carmona.

El 35% de los encuestados sostiene que estos criterios no solo están integrados, sino que forman parte esencial de su estrategia jurídica, mientras que el 28% asegura que la integración ha sido parcial en áreas concretas clave para el negocio. Otro 15% afirma que actualmente están inmersos en su integración y que es un proceso en curso. Solo el 9% señala que no están integrados, mientras que el 13% reconoce que los han valorado, pero no planean su integración. Ana Buitrago cree que el abogado in house es clave en el cumplimiento y en el reporte de la sostenibilidad. “Tiene una importante labor de verificación, vigilando la coherencia y cómo se cuenta para que cualquier declaración esté bien fundada y no ponga en riesgo a la compañía”, comenta.

El bienestar para atraer talento

Las políticas de bienestar, la conciliación y el cuidado de la salud mental de la abogacía son uno de los focos de actuación del ICAM y así quedó reflejado en el anterior número de la revista Otrosí. En esta ocasión, se ha querido conocer con mayor detalle cuáles son las condiciones concretas que viven los abogados de empresa: casi 3 de cada 4 confirman que en su entorno profesional se promueve el bienestar emocional.

En algunos casos, estas iniciativas se fomentan de manera activa y comprometida, a través de políticas, recursos y prácticas concretas y bien pautadas (44%); en casi el 32% también se promueve el bienestar, aunque sin una estrategia clara. Una cuarta parte de los profesionales cree que aún falta por avanzar en su lugar de trabajo. “Tiene mucho que ver que estés en una empresa grande para tener un mayor nivel de protección de bienestar, a nivel de policy”, comenta Teresa Mínguez.

“Las grandes empresas tienen más recursos, pero esto está vinculado a la madurez de la compañía y a la cultura. El talento es cada vez más difícil de atraer y los más jóvenes le dan mucha importancia al bienestar emocional, no solo al económico”, añade, destacando iniciativas como horarios flexibles, teletrabajo y otros servicios. Y advierte a los bufetes: “Deben entender que también son empresas y desarrollar políticas porque tendrán problemas de retención del talento y de fuga a las asesorías de empresa”.

Servicios del ICAM: “Tomamos nota”

Aunque casi un tercio tiene una opinión positiva o muy positiva de los servicios del ICAM para la abogacía de empresa, la mayoría de los encuestados, el 40%, tiene una opinión neutra y un 19% asegura que no tiene una opinión clara, lo que plantea el desafío de dar a conocer el valor de lo que puede hacer el Colegio por este colectivo. Solo el 15% tiene una visión negativa o muy negativa. “Tomamos nota de este input y haremos un esfuerzo mayor, con contenido más potente. Trabajaremos para llegar de manera más eficaz para que se aprovechen los servicios, los recursos y las formaciones”, adelante Ana Buitrago.

Con el objetivo de conocer qué tipo de servicios serían los más valorados por el colectivo de abogados in house, se planteó una pregunta abierta. Entre los asuntos que más menciones acumulan, destacan el acceso a cursos online y jornadas de formación adaptadas a la abogacía de empresa, como liderazgo, negociación, gestión de crisis y comunicación corporativa. También demandan foros y espacios de encuentro y eventos sectoriales. Asimismo, mencionan el acceso a recursos documentales, asesoramiento laboral, recursos tecnológicos y la protección y defensa del secreto profesional, con varias alusiones positivas a los comunicados emitidos por el ICAM frente al criterio de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).

“Vamos a ofrecer formación específica para la abogacía de empresa, con formatos intensivos, flexibles y online para reforzar las soft skills de los profesionales. El enfoque será interdisciplinar, centrado en ESG, habilidades tecnológicas y otros temas de su interés para que cuenten con esas pinceladas de actualización”, explica la diputada Ana Buitrago. Por su parte, Teresa Mínguez recordó que también se han firmado acuerdos con las principales asociaciones de abogados de empresa a nivel internacional.

Siempre que ejerzas la abogacía, el secreto profesional te ampara

La situación del secreto profesional y el amparo que ofrece a los abogados de empresa preocupa. Más de la mitad de los encuestados cree que no cuenta con la debida protección en su ámbito de actuación: mientras el 11% afirma que no está nada protegido, el 42% considera que la protección es escasa. En contraposición, el 39% cree que está muy o bastante protegido y el 8% no tiene una opinión formada al respecto. “Vamos a seguir trabajando para que no haya ninguna duda de que un abogado de empresa colegiado como ejerciente cuenta con las mismas protecciones que un abogado por cuenta propia o que trabaja en un despacho”, insiste Teresa Mínguez.

Al abordar su experiencia personal, casi un tercio de los letrados de empresa confirma que ha sentido que su derecho al secreto profesional o a la confidencialidad de sus comunicaciones o de los dispositivos que utiliza en su ámbito profesional se ha visto amenazada. Sin embargo, el 70% afirma que no ha sentido ningún tipo de vulneración.
Sobre el secreto profesional, Elia Esteban aclara algunos detalles importantes. El primero, que el secreto profesional no protege al abogado por serlo, sino cuando está ejerciendo como tal. “Si yo soy abogado de empresa y envío un burofax con una oferta a la otra parte y se quebrantan las negociaciones, si lo he hecho ejerciendo como abogado, me protege el secreto profesional: esa oferta no se puede desvelar ni presentarse en una demanda. Pero si hago una oferta en una negociación como directivo de la compañía y no estoy actuando como abogado, aunque sea el letrado in house, no estoy bajo el amparo del secreto”, explica la presidenta de la sección.

Recuerda que en algunos países de la UE no reconocen al asesor jurídico empresarial como abogado porque consideran que carece de independencia suficiente. De hecho, en Francia no se pueden colegiar. “Pero en España el ordenamiento jurídico reconoce el secreto profesional al ejercicio de la abogacía y sigue plenamente protegido aunque se haya intentado poner en tela de juicio. El artículo 16 de la Ley Orgánica de Derecho de Defensa (LODD) garantiza la confidencialidad de las comunicaciones entre abogado y cliente, sea del tipo que sea. También el secreto de todas las actuaciones en el ejercicio de su deber de defensa y de las que conozca por su labor profesional”, recalca. “No hay ninguna diferencia con el letrado de despacho, siempre que esté ejerciendo de abogado. Este es el quid de la cuestión”, subraya Elia Esteban.

El ICAM facilita actualmente unos sellos de protección para adherirlos en los dispositivos informáticos que utilizan los letrados de empresa que advierten que la información que contienen proviene del asesoramiento jurídico y está protegida por el secreto profesional. Otra recomendación consiste en incluir el número de colegiado en la firma de los correos electrónicos, entre otras buenas prácticas. “El objetivo es dejar claro, tanto en el fondo como en la forma, que la documentación está protegida. No hay que olvidar que la protección de la confidencialidad de las comunicaciones no es para el abogado, sino para el cliente”, explica la diputada Ana Buitrago.

¿Más networking? Habrá II Encuentro de la Abogacía de Empresa

El pasado 24 y 25 de octubre de 2024 tuvo lugar un acontecimiento inédito: se celebró el I Encuentro de la Abogacía de Empresa, impulsado mano a mano por los Colegios de la Abogacía de Madrid (ICAM) y de Barcelona (ICAB) que congregó a más 30 ponentes de primer nivel. ¿El objetivo? Analizar y poner en valor las nuevas realidades que enfrentan los profesionales in house, cada vez más integrados en las decisiones estratégicas de las organizaciones. Dada la positiva acogida de este evento, la Sección de Abogacía de Empresa se ha propuesto celebrar la segunda edición.

“Daremos continuidad al Congreso el próximo otoño en Barcelona. La primera edición ha tenido una acogida muy positiva, con un muy buen feedback”, adelanta Ana Buitrago, que reconoce que el trabajo del abogado in house puede ser más solitario, a diferencia de los bufetes, por lo que es comprensible que se demanden más espacios de encuentro.

En este primero encuentro, se abordaron los temas que marcan el día a día de las asesorías jurídicas y que preocupan a sus negocios: la protección del secreto profesional, la transformación digital, los ciberataques, el cumplimiento normativo, la fiscalidad internacional y los criterios ESG. La transformación digital y el uso de tecnologías disruptivas, como la IA generativa, también protagonizaron algunas sesiones. Y hubo espacio para compartir las mejores prácticas en compliance y gobierno corporativo en un entorno empresarial marcado por un elevado nivel de exigencia.

A ello se sumaron espacios de networking, que permitieron crear nuevos lazos y vínculos entre profesionales de los mismos sectores y también de distintas industrias, fomentando un intercambio de conocimientos y experiencias enriquecedor, acorde con lo que demandan los abogados in house para mejorar en el desarrollo de sus funciones en el entorno corporativo.

Ilier Navarro
Ilier Navarro
Periodista especializada en información de tribunales

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