Análisis

  • Javier Jiménez-Ugarte. Presidente de la Sección de No Ejercientes del Colegio de Abogados de Madrid

La segunda vida de las memorias de un abogado griego

Todos disfrutamos regalando los libros que hemos escrito o, en este caso, traducido.

Se trataba de los recuerdos autobiográficos, ´El Abogado´, básicamente de carácter profesional, que, durante mis felices años de Embajador de España en Grecia, me regaló su autor, el prestigioso letrado, hoy ya fallecido, Tryfon Koutalidis. Decidió publicarlos bajo el pseudónimo del famoso jurisconsulto ´Papiniano´, y me consta que la obra, con o sin dedicatoria, era un trofeo muy cotizado entre los muchos abogados que lo conocían y admiraban.

Tuve la oportunidad de traducirlo al español durante un ulterior destino de Cónsul General en Tetuán también de grato recuerdo. Fue publicado gracias a un valioso editor, Basilio Rodríguez Cañada, del que me gusta siempre hacer publicidad, y pudimos presentarlo con el autor, venido de Atenas, en el Colegio de Abogados de Madrid en una inolvidable ceremonia presidida por el entonces Decano, Antonio Hernández-Gil. Se refirió éste a “la trascendencia que tiene que un abogado publique sus Memorias profesionales, algo que resulta siempre difícil si no se quiere violar las normas de confidencialidad y secreto profesional, que regulan las relaciones con los clientes”.

Reconozco haber hecho todo lo posible para que mi editor no perdiese dinero con el proyecto, organizando luego la presentación del libro en el Colegios de Abogados de Valladolid, tierra de mi mujer. El entonces Rector, y compañero de promoción, Marcos Sacristán, contribuyó a unas mayores ventas al declarar que “debía ser un libro de obligada lectura y no solo en la Facultad de Derecho sino en otras Facultades que quieran adaptarse a los objetivos del ´Plan Bolonia´, la enseñanza académica y la interrupción del licenciado en el mundo real de las relaciones profesionales”.

De todas formas, Basilio reconoce, y agradece, que el principal cliente haya sido yo, superando con creces el centenar de ejemplares comprados y regalados. Recuerdo que algunos gestos me dieron grandes frutos. Así, cuando escribí al Fundador y entonces también Director de la reputada Revista “El Notario del Siglo XXI”, el también jurisconsulto Aristónico García tuvo no solo interés en leerlo, sino que lo incluyó entre las valiosas obras que sigue comentando con brillantez en cada número. Escribió “una obra llena de vida en forma de episodios históricos de la Grecia del siglo pasado, apuntes biográficos de Onassis y lances jurídicos”.

También recuerdo los elogios que dedicó a Koutalidis, el profesor de Derecho Mercantil en la Universidad Complutense, Juan Sánchez-Calero Guilarte, y, en este caso, tengo que decir que no fui yo “el buen amigo que le ofreció hace un par de semanas este libro que me permito recomendar”.

Pudimos, además, promocionar la obra en el Colegio de Abogados de Ceuta, ciudad para mi muy querida por haber enriquecido mis años de estancia en la cercana ciudad marroquí de Tetuán, al otro lado, como me gusta recordar, de la frontera sur de la Unión Europea. El gran cronista de aquella importante área geográfica y política, José Luis Navazo, nunca olvidado, escribió en el diario “El Pueblo” una muy positiva crónica sobre mi traducción “por poner al alcance de los lectores españoles, no solo profesionales del derecho, una obra de marcado Interés”.

Siguiendo con mi costumbre, regalé recientemente otro ejemplar a un nuevo amigo, joven y brillante abogado y árbitro. Blas Piñar no solo leyó a fondo la obra, sino que escribió esta ilustrativa y muy jurídica recensión, que nuestra Revista OTROSI ha decidido publicar, sin duda para animar a los Colegiados ejercientes a que escriban y publiquen sus Memorias. Mucho aprendí sobre el ejercicio de la abogacía en Italia cuando cayó en mis manos “La vida del Abogado” de los hermanos P. y E. Erizzo, y me queda mucho que aprender sobre lo que sucede en España, desde mi nueva condición.