Análisis

  • Jesús R. Mercader Uguina. Catedrático Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Carlos III de Madrid

Dossier. El trabajo en las plataformas profesionales: un debate abierto

La «on-demand economy» representa la última ola de una también nueva economía digital. La misma posee una amplia definición, pero son las plataformas «gig» las que concentran el interés en materia laboral al permitir a los proveedores individuales proporcionar directamente sus servicios al mercado. Una fórmula en la que, se ha dicho, «todo el mundo sale ganando», al nacer al mundo económico nuevos servicios que antes no existían y al hacerlo en unos términos más ventajosos y competitivos permiten, también, emerger nuevos consumidores.

Las modernas economías de plataforma plantean, desde una perspectiva estrictamente jurídica, el problema de si las nociones de dependencia y ajenidad son categorías susceptibles de acoger las nuevas formas de trabajo que se desarrollan dentro de este nuevo ecosistema. En este tiempo se produce una neta mutación en la morfología del concepto clásico de trabajador.

Autonomía y coordinación son, probablemente, los rasgos diferenciadores de este momento frente a las clásicas nociones de dependencia y subordinación.

En el trasfondo de la anterior idea está la marcada proximidad sociológica e, incluso, jurídica entre el trabajo por cuenta ajena y otras prestaciones susceptibles de ser encuadradas dentro del Derecho Civil o del Mercantil. El contrato de trabajo asalariado nunca fue la única forma por la que una persona puede comprometerse a trabajar. La historia del Derecho del Trabajo ha sido la historia del progreso constante del trabajo asalariado y el retroceso constante del trabajo por cuenta propia. Pero los tiempos cambian y las preferencias sociales también.

Tras su propia denominación, “nuevas formas de trabajo”, laten ideas nuevas a la hora de enfrentarse con lo laboral. Por ello, no son solo cuestiones jurídicas las que entran en debate tras esta idea. La posibilidad de gobernar el propio trabajo y gestionar los tiempos de vida de la forma que mejor permita adaptarse a los particulares deseos de cada persona tiene un papel cada vez más relevante en una sociedad que valora cada día más la autonomía y la independencia a la hora de equilibrar trabajo y ocio. No sorprende por ello que el trabajo autónomo sea visto como una forma liberadora que permite alcanzar una vida más completa y que cobre, día a día, cada vez más importancia.

Pero la anterior cuestión plantea complejas aristas. Lo cierto es que las características de nuestro actual mercado de trabajo muestran importantes debilidades. La temporalidad, alta tasa de rotación de los empleos y otras disfunciones genéticas constituyen un caldo de cultivo poco propicio para las innovaciones en lo laboral. Cualquier prestación de servicios que se aleje de los cánones tradicionales de lo laboral es vista sospechosamente y los calificativos de fraude, irregular y, en suma, de indecencia laboral aparecen con suma facilidad. La tacha del falso autónomo posee una indudable fuerza que opera como una enmienda a la totalidad de cualquier readaptación en este terreno. En suma, la sospecha de fraude se cierne sobre todo aquello que se aleje de los moldes clásicos del trabajo asalariado.

Ello explica el intenso debate jurídico que se está produciendo en esta materia. En Europa parece estar primando la no laboralidad de estas relaciones como ponen de manifiesto las Sentencias de la Cour d´appel de Paris en relación con repartidores de las plataformas Take Eat Easy y Deliveroo. En Italia la respuesta se dirige por los mismos derroteros y, tanto el Tribunale del lavoro di Torino, en el asunto Foodora, como el de Milán en relación con Foodinho, han primado la exclusión de la laboralidad. También en Holanda se ha obtenido idéntica respuesta en la Sentencia Rechtbank Amsterdam, en el caso de un repartidor de Deliveroo.

Nuestro país no se encuentra ajeno a los problemas que plantean estas nuevas formas de trabajo. El primer pronunciamiento de la jurisdicción social en esta materia ha sido la Sentencia del Juzgado de lo Social nº 6 de Valencia de 1-6 2018, que estima existente una relación laboral. También se ha situado en la misma dirección la Sentencia del Juzgado de lo Social de Barcelona nº 11 de 29-5-2018, en el caso de varios repartidores de Take Eat Easy. Pero el intenso y, en ocasiones, acalorado debate sobre esta cuestión también ha dado lugar a pronunciamientos en los que se afirma con rotundidad el carácter autónomo del trabajo prestado por los “riders” de la empresa Glovo. La Sentencia del Juzgado de lo Social de Madrid nº 39 de 3-9-2018, ha declarado la no laboralidad de un prestador de servicios en esta plataforma.

En este contexto se hace más necesario que nunca reflexionar sobre los pros y contras que ofrece este nuevo escenario. La implantación y desarrollo en el panorama económico actual de nuevas empresas que bajo la cobertura de plataformas digitales de todo tipo operan en el mercado es una realidad que  ha venido a recrear la actividad de prestación de bienes y servicios en sectores tradicionales bajo una lógica disruptiva. Nuevas formas económicas que requieren una adaptación también de las formas de empleo.

Estos modelos de negocio se diseñan desde la premisa de que la prestación de los servicios la realicen trabajadores autónomos, quienes de forma dinámica pueden acceder a ingresos considerando el carácter esporádico, flexible y de complementación de renta que generalmente buscan dichos usuarios que proveen servicios. De este modo, lo propio es el trabajo de dimensión plural desarrollado por un mismo prestador de servicios para varias empresas construyéndose una suerte de pluriactividad simultánea.

No se trata, por tanto, de una prestación plenamente dependiente sino, en muchos casos, independiente en la que el profesional decide libremente prestar sus servicios en aquellos momentos que considere oportuno. Si nos detenemos en esta última idea –el prestador de servicios es quien define el contenido de su oferta de prestación de servicios–, veremos con mayor claridad los nuevos espacios de reflexión que abren estas figuras. Todo ello debe llevarnos a buscar fórmulas que consigan un adecuado equilibrio entre estas formas innovadoras de trabajo y la garantía de unas condiciones de trabajo de calidad.

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