Análisis

  • Paula Ortiz López. Directora Jurídica y de Relaciones Institucionales en IAB Spain

El olvido, un regalo para la memoria

Quizás recuerden la escena de la película La Duda, en la que Philip Seymour Hoffman, durante una homilía, para explicarle a una mujer las consecuencias de difundir un rumor, le hace rasgar una almohada en la ventana y volver al día siguiente para indicarle que ha de recoger todas las plumas, a lo que ella responde que es imposible porque se las ha llevado el viento. Esta imagen de plumas, volando por todas partes, la podemos trasladar al entorno de internet en el que, cuando un contenido se publica en la red, es muy difícil contenerlo, acotarlo, eliminarlo o, siguiendo la escena de las plumas de la película, recogerlo.

“Si tuvierais fotos de todo lo que hice en el instituto, probablemente no habría sido presidente de Estados Unidos”. Esta frase de Obama, pronunciada en una charla a estudiantes de la Universidad de Chicago, representa de forma clara la situación que pueden vivir muchas personas. Lo vemos en los casos en los que se han rescatado tuits antiguos de políticos o deportistas, o chistes sobre atentados terroristas publicados 4 años atrás y que han llevado a su autora a juicio con posterioridad, reabriendo además viejos debates sobre la tensión entre el derecho a la libertad de expresión e información y la protección de datos.

Con la nueva sociedad digital y estas (ya no tan) nuevas formas y vías de comunicación, en las que existe una necesidad de compartir información propia y de terceros, también tienen que existir herramientas que permitan decidir qué se hace con la información del pasado. En esta fase de choque de placas tectónicas entre dos eras, la analógica y la digital, no hemos sido conscientes hasta hace muy poco de que todo lo que se publica o se escribe se almacena y queda guardado en internet.

Por ello, en el año 2009 empezaron a surgir los primeros casos de derecho al olvido en internet, marcando el principio de este derecho el caso Google vs AEPD. El derecho al olvido es la extensión de los tradicionales derechos de cancelación y oposición a internet para evitar, cuando concurren razones legítimas, que esta información siga disponible. A este derecho, que no es absoluto, se le ha ido dando forma, ya que inicialmente estaba concebido para la eliminación de los datos en los buscadores y se ha ido ampliando a hemerotecas, blogs, redes sociales y todos los servicios equivalentes.

Si bien empezó como un derecho doctrinal, se recoge específicamente en el artículo 17 del Reglamento General de Protección de Datos. En la LOPDGDD el legislador español establece una nueva redacción al derecho al olvido en el Título X relativo a la “Garantía de los derechos digitales”, desglosando este derecho en el artículo 93, relativo al derecho al olvido en búsquedas y el artículo 94, relativo al derecho al olvido en servicios de redes sociales y servicios equivalentes (considerados legalmente como servicios de la sociedad de la información), del que nos ocupamos en este artículo, y que no se encontraba recogido y desarrollado en la sentencia.

El artículo 94 desarrolla el ejercicio del derecho al olvido en las plataformas de redes sociales de la sociedad de la información equivalentes (aplicaciones de mensajería, plataformas de vídeo, etc.) en tres escenarios:

1. Datos que hubiese facilitado una persona para su publicación en redes sociales y servicios equivalentes. En este caso, establece el artículo que han de suprimirse con la mera solicitud. El artículo 94 de la LOPDGDD, sin embargo, no recoge las limitaciones a este derecho que sí recoge el artículo 17.3 del RGPD para los casos en los que el responsable acredite motivos legítimos para el tratamiento que prevalezcan sobre los intereses, los derechos y las libertades del interesado.

2. Datos facilitados por terceros cuando sean: Inadecuados, inexactos, no pertinentes, no actualizados, excesivos (o que hubieren devenido como tales por el transcurso del tiempo). Esta situación ha de ponerse en contexto con los fines para los que se recogieron o trataron, teniendo en cuenta el tiempo transcurrido (concepto algo indeterminado) y la naturaleza e interés público de la información.

En el caso que se hayan aportado datos por parte de terceras personas, se observa que sí se abordan ciertas limitaciones a este derecho que el primer escenario no recoge. El artículo también recoge que se habrán de suprimir los datos cuando las circunstancias personales que, en su caso, invocase el afectado evidenciasen la prevalencia de sus derechos sobre el mantenimiento de los datos por el servicio.

3. Datos facilitados al servicio, por un usuario o por terceros, durante su minoría de edad. En este caso, el prestador deberá proceder sin dilación a su supresión a la simple solicitud, sin necesidad de que concurran las circunstancias anteriormente citadas. Este apartado es fundamental, y además tendría que ir de la mano de una mayor concienciación sobre el uso de los datos por parte de estos menores. Porque nos encontramos, de nuevo, con la dificultad para retirar esta información ya que esta puede haberse replicado en multitud de plataformas.

Como excepción a esta capacidad de suprimir datos, el artículo se refiere a los datos que se hayan facilitado por personas físicas en el ejercicio de actividades personales o domésticas. El artículo sin embargo no revela si este ámbito doméstico se refiere al primer escenario (datos aportados por los usuarios) o a los datos aportados por terceros, como comentarios, fotografías o vídeos publicados en una red social. Al respecto, las autoridades de protección de datos europeas dieron un concepto algo amplio de ámbito doméstico en las redes sociales: Si el usuario tiene un alto número de contactos puede llegar a considerarse responsable del tratamiento. Estos criterios no están exentos de inseguridad jurídica.

Hay que señalar que el artículo 94 deja fuera algunos de los criterios que establece el artículo 17 del RGPD como circunstancias concurrentes para la supresión de los datos, y que deben entenderse de aplicación directa: cuando el interesado retire el consentimiento y no haya otro fundamento jurídico, cuando se oponga al tratamiento conforme al artículo 21 y no prevalezcan otros motivos legítimos para el tratamiento, cuando los datos personales hayan sido tratados ilícitamente o los datos personales deban suprimirse para el cumplimiento de una obligación legal. Asimismo, no plasma en el texto la limitación al derecho de supresión en los casos que recoge el artículo 17.3 como, por ejemplo, la no aplicación de este derecho cuando el tratamiento sea necesario para ejercer el derecho a la libertad de expresión e información, una de las situaciones que más fricciones puede crear entre ambos derechos.

Como puede observarse, la intención del legislador de desarrollar el artículo ha dejado fuera algunas de las circunstancias para llevar a cabo esta supresión. Y es que por ello la Comisión Europea, en su Comunicación COM (2018) 43 final señalaba que “Al adaptar su legislación nacional, los Estados miembros deben tener en cuenta que cualquier medida nacional que pueda obstaculizar la aplicabilidad directa del Reglamento y poner en peligro su aplicación simultánea y uniforme en el conjunto de la UE es contraria a los Tratados. Asimismo, está prohibida la repetición del texto de los reglamentos en el Derecho nacional (por ejemplo, la repetición de las definiciones o los derechos de los individuos), salvo que sea estrictamente necesario por razones de coherencia y para que las disposiciones nacionales sean comprensibles para sus destinatarios.

De alguna forma, este artículo redefine los contornos del derecho e introduce incertidumbre jurídica, por lo que habrá de interpretarse de forma conjunta con el artículo 17 del RGPD.

No obstante, este artículo es de vital importancia para su aplicación futura. Vivimos en un entorno en el que todavía falta mucha madurez respecto a las consecuencias de la información que se comparte en las redes. Somos la última generación de la historia de la humanidad que recordará la vida sin internet, e internet también tiene que ser capaz de olvidar. Sobre todo, para estas nuevas generaciones. Y es que, como dice Luis Rojas-Marcos, el olvido es un regalo para la memoria.

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