Análisis

  • Raúl Ochoa. Diputado de la Junta de Gobierno del ICAM

Nuevas tendencias en la formación del abogado del futuro

Se atribuye a Voltaire la frase, “la abogacía es la profesión más bonita del mundo”, aunque tal insigne miembro de la ilustración jamás utilizó la toga. Este diputado, que durante casi treinta años, tiene el honor de vestir tan reputada prenda, añade a la frase de Voltaire la vocación como aspecto esencial para poder ejercer la profesión con la pasión que exige y merece.

Un buen abogado ha de añadir, a ese entusiasmo por la defensa de intereses y derechos ajenos, un segundo elemento fundamental: la formación continuada.

Así, en el programa electoral de la Junta de Gobierno de la que formo parte, teníamos especial sensibilidad con esta cuestión imprescindible, ya que a lo largo de nuestra trayectoria profesional, debemos continuar mejorando nuestra formación jurídica, recibiendo los mejores cursos que acrecienten y consoliden nuestros conocimientos, así como acceder a las bases de datos más potentes donde poder encontrar y consultar la legislación, doctrina y jurisprudencia más reciente, con la finalidad de estar permanentemente actualizados, máxime cuando nuestro Ordenamiento jurídico se nutre de diversas fuentes normativas de carácter local, autonómico, nacional y supranacional.

El avance de las nuevas tecnologías, así como la irrupción de nuevas herramientas y sistemas para captar y comunicar con los clientes, son aspectos que no puede obviar el Centro de Estudios a la hora de mejorar sus servicios, ya que el denominado mercado legal se está mostrando especialmente sensible a la denominada revolución tecnológica. En palabras de Friedman “la inexorable integración de los mercados, de los estados-nación y de las tecnologías a un nivel nunca presenciado”.

Los retos y las necesidades de nuestros clientes nos obligan, dada la competencia, a estar preparados para obtener, no sólo unos buenos, sino excelentes resultados. No puede ser más acertada la reflexión del compañero Antonio Garrigues Walker, hay que formar a los profesionales en el saber de su tiempo, sin miedo a unos cambios que nunca van a dejar de producirse.

Desde esta perspectiva trabajamos para que el ICAM facilite esta labor al colegiado, de manera que sea realmente útil y favorezca el acceso a una formación de la máxima calidad, que vaya más allá de la mera difusión del conocimiento jurídico, a la par que atienda la necesidad de una formación transversal y multidisciplinar, cada vez más actualizada e impartida por los mejores y más capacitados expertos.

En este camino que hemos marcado, destacan los siguientes aspectos:

Especialización

Desde la Junta estamos trabajando en proponer la mejor oferta formativa para todos nuestros colegiados y para ello estamos en un proceso de reprogramación, de reconsideración, fijándonos en todos los programas que impartimos, sus ponentes y sus directores, con la aspiración de cambiar aquello que no nos satisfaga plenamente, y dar entrada a nuevas propuestas que nos garanticen la excelencia académica y por ende, el éxito.

La dificultad no está en conseguir un cliente, está en mantenerlo. En este sentido, consideramos clave la especialización: ser capaces de dominar ampliamente la materia, anticiparnos a los deseos y necesidades del cliente, y dar respuesta a sus inquietudes, tanto en el aspecto técnico como procedimental.

Técnicas empresariales y tecnología

La preparación técnica es fundamental, pero es sólo el primer paso. De nada le sirve al joven recientemente incorporado, que puede atesorar grandes conocimientos teóricos, el desconocimiento por completo de los entresijos del mercado y los modelos de negocio con los que poder acceder y competir en el mundo laboral. Así, el abogado del futuro deberá ser también empresario. El manejo de técnicas de gestión, de comercialización, el marketing focalizado al ámbito legal, cómo generar negocio y cómo optimizar los recursos, serán instrumentos que no sólo mejorarán transversalmente las habilidades del letrado, sino que tendrán una incidencia sustancial a la hora de poder diferenciarse y ser más competitivo dentro del mercado legal.

La familiarización con las herramientas tecnológicas será también piedra angular de los cursos formativos y ponencias, con el anhelo que la abogacía madrileña se sitúe a la vanguardia de las nuevas tecnologías, tanto en su manejo como en los procesos de máxima actualidad (v.g. e-negotiation, e-mediation, modelos de negocio digitales, blockchain…). Para ello, hemos iniciado un área dedicada a Asuntos Digitales que cooperará para el desarrollo de una formación puntera en estas cuestiones.

Oratoria

Esta herramienta es básica y hasta unos pocos años la gran olvidada por el mundo académico y profesional, si bien todos sabemos que su dominio es un arma fundamental para el ejerciente. Una gran parte del éxito o del fracaso de un pleito depende de nuestra capacidad para captar la atención del Juez o la Sala, y por supuesto de transmitir los conceptos fácticos y jurídicos de manera concreta y amena, para que puedan ser valorados por el juzgador.

Ética

Esta faceta que algunos pretenden olvidar, debe continuar siendo un pilar básico del abogado. A pesar de los ataques externos a este valor supremo, la integridad del abogado es como la valentía del soldado, se presupone. Somos la primera línea de defensa del ciudadano, y debemos conducir nuestra profesión de acuerdo con los imperativos del Código Deontológico y la honestidad profesional, para evitar que nuestro alter ego sea mancillado ante la intervención de un abogado deshonesto.

El abogado texano Roland Boyd dedicó a su hijo una carta en 1962 en la que manifestaba “para ser un buen abogado primero tienes que ser un buen hombre” como late motiv para tener éxito como letrado. Estas sabias palabras no han perdido valor con el paso de los años.

La dignidad de la abogacía y darle la voz autorizada que le corresponde en nuestra sociedad, es otro de los grandes retos que persigue el ICAM, por ello es imprescindible que todos trabajemos en la misma dirección, pues cada letrado es exponente, involuntario quizás, de toda la profesión.

Así, nos corresponde la tarea de facilitar los instrumentos para conseguir que la abogacía madrileña cuente con los profesionales con mayor grado de exigencia y excelencia, labor en la que el Centro de Estudios, quiere ser piedra angular, abriendo sus puertas a todos los colegiados.

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