Análisis

  • José Antonio Herce. Director asociado de Afi

La Previsión Social profesional en España

En España existe una multiplicidad de esquemas de pensiones regulares contributivas (no complementarias) raramente conocida por la población general. Tanto que, a menudo, los propios beneficiarios no son conscientes de que pertenecen a uno u otro esquema. La confusión, incluso, se produce cuando muchos se refieren al sistema al que pertenecen equivocándose palmariamente.

Estos graves síntomas de “desalfabetización” previsional son muy indicativos de la distancia que nos separa como sociedad, tanto ciudadana como política, de una comprensión cabal y, no digamos, de una solución satisfactoria del denominado “problema de las pensiones”.

Mi propósito en esta tribuna, fundamentalmente dedicada a la previsión social profesional, es aportar elementos sólidos para que el debate sobre estos problemas incorpore un conocimiento sencillo de adquirir, pero poco frecuentemente aventado. Incluso entre colectivos con amplia capacidad de discernimiento magistralmente ejercida en los ámbitos en los que normalmente se desempeñan sus componentes.

Las pensiones regulares contributivas en España se ofrecen a los distintos grupos laborales y profesionales a través de tres esquemas: (i) la Seguridad Social, (ii) las Clases Pasivas del Estado y (iii) los Regímenes Alternativos al RETA. En algunos casos, un mismo trabajador puede pertenecer simultáneamente a varios de estos esquemas, en otros, esto, no es posible. Así, se puede pertenecer al mismo tiempo a la Seguridad Social y a Clases Pasivas, pero no es posible pertenecer a la vez a un Régimen Alternativo y a cualquiera de los otros dos.

A la Seguridad Social, pertenecen los asalariados (Régimen General) y los trabajadores autónomos (Regímenes especiales de Autónomos); estos últimos siempre que no hayan optado, pudiendo hacerlo, por un Régimen Alternativo. Al Régimen Especial de Clases Pasivas, que la generalidad de sus participantes confunde sistemáticamente con MUFACE u otras Mutualidades administrativas, pertenecen los funcionarios de los “grandes cuerpos” del Estado, muchos de ellos transferidos a las Comunidades Autónomas, como es el caso de los profesores funcionarios universitarios y no universitarios y muchos profesionales sanitarios. Como se decía, bastantes miembros de este colectivo, que ejercen su actividad en la función pública a tiempo parcial y con licencia de compatibilidad, optan también por pertenecer a alguno de los esquemas antes citados de la Seguridad Social. Finalmente, a los Regímenes Alternativos pertenecen profesionales liberales, no funcionarios o en excedencia, que han optado por sus respectivas Mutualidades (de arquitectos, ingenieros o abogados) en vez de por el Régimen de Trabajadores Autónomos de la Seguridad Social.

No es un campo tan abierto como para que resulte tan complicado de entender. Pero solo puedo atribuir a la dejadez institucional y personal, en la mayor parte de los casos, el que muchos trabajadores por cuenta propia o ajena, funcionarios o del sector privado, desconozcan en realidad a qué esquema o esquemas pertenecen. Esto tiene mucho que ver con la ausencia del “sobre naranja”, al que más adelante me referiré sin desvelar ahora qué es esto.

El Régimen de Clases Pasivas del Estado, denominado generalmente “Clases Pasivas”, es un vestigio galdosiano, es decir, algo decimonónico, y a extinguir. De hecho, desde 2011 está cerrado a la entrada de nuevos cotizantes, de forma que si antes, el Gobierno, no lo convierte en un inmenso seguro a prima única y se lo endosa a la Seguridad Social, desaparecerá cuando fallezca el último beneficiario del último Abogado del Estado que hubiera entrado al régimen antes de dicho año. O el penúltimo, si el último fuese soltero.

Entre los profesionales liberales, como decía, se da la circunstancia de que estos pueden elegir, de forma excluyente entre el RETA o su Mutualidad Profesional. Tal es el caso de los abogados que optan por pertenecer a la Mutualidad de la Abogacía.

Los Regímenes Alternativos están obligados a ofertar, como mínimo, las mismas prestaciones que el RETA, pero tienen amplio margen de maniobra para ofrecer fórmulas variadas a sus partícipes o “afiliados”, lo que, naturalmente, no les sale gratis a los primeros. Destacaré tres favorabilísimas consecuencias de este margen de libertad que tienen las Mutualidades Profesionales que deberían convencer a los jóvenes profesionales para tomarse en serio sus opciones previsionales desde el inicio de sus carreras: (i) la rentabilidad sostenible de las aportaciones de los afiliados, (ii) la compatibilidad de sus prestaciones con la actividad profesional remunerada y la abundancia y transparencia de la información que suministran a los afiliados (el misterioso “sobre naranja”).

Muchas mutualidades profesionales son entidades de capitalización, no de reparto. Aunque iniciaron su andadura con el método de reparto, enseguida se dieron cuenta de que lo que debían garantizar a sus mutualistas no iba a estar bien respaldado si el método financiero era el de reparto, como la experiencia de algunas de ellas y de la propia Seguridad Social (que no obstante cuenta con el respaldo de los Presupuestos Generales del Estado) ha demostrado. Pasaron a la capitalización de manera rapidísima y solvente y hoy ofrecen prestaciones de contribución definida, muy bien gestionadas a un coste muy reducido y muy rentables. Estos esquemas son, por definición, sostenibles.

En segundo lugar, a pesar de que la pensión de jubilación en la Seguridad Social y en Clases Pasivas es incompatible con otros ingresos laborales (hasta el límite del Salario Mínimo Interprofesional anual), excepto que se renuncie a la mitad de dicha pensión y se paguen una serie de cotizaciones adicionales, en los Regímenes Alternativos, existe compatibilidad plena sin pago de cotizaciones adicionales una vez jubilados. Esto, que muchos gestores de mutualidades no desean airear por temor a que se vea como un “privilegio”, es en realidad algo que todos los españoles deberíamos de tener, ya que no supone menoscabo alguno para el sistema ni para el empleo de los jóvenes y allega recursos adicionales a la Hacienda Pública.

Por último, los mutualistas en activo reciben trimestralmente información puntual, completa y veraz no solo de la marcha de sus derechos adquiridos y de las inversiones y cuotas aportadas, sino, lo que es más importante, de los activos acumulados y la pensión que les correspondería en el supuesto de seguir pagando las mismas cuotas en el momento de su futura jubilación. Este es el misterioso “sobre naranja”, según la práctica de la Seguridad Social holandesa, pero trimestral, no anual como en aquel país. Algo que en la Seguridad Social española todavía no existe.

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