Análisis

  • Abelardo Moreno Jiménez. Abogado. Especialista en RC y Daño Cerebral Adquirido

La pandemia pincha la burbuja y enseña al mundo la cruda realidad económica

La llegada de esta nueva pandemia al mundo parece que escribe una nueva página en nuestra historia con una rápida secuencia de acontecimientos sociales, políticos, sanitarios, mediaombientales y económicos que está cambiando nuestra percepción de nosotros como individuos y como sociedad y nos pone el espejo de nuestra situación.

Una difícil situación que afectará a nuestros despachos y en general a nuestra profesión, siendo determinante a qué sectores hayamos dedicado nuestro trabajo y especialización por cuanto que mucho tejido empresarial quedará en una grave situación, sobre todo la pequeña y mediana empresa y sectores como el turismo y la hostelería, estando por ver qué ocurrirá cuando no puedan utilizar el instrumento de los ERTEs

Para el abogado de despacho privado el problema vendrá en los pagos y provisiones de los clientes que serán, aún más si cabe, difíciles de obtener ante el miedo a quedar sin liquidez, todo ello unido al atasco judicial que la pandemia no ha hecho más que poner en evidencia y que asustará a mucho justiciable a iniciar pleitos. Igualmente, muchos despachos que trabajan hasta final del pleito tendrán que aguantar que el mismo se alargue uno o dos años más para poder cobrar, siendo de vital importancia el contar con tesorería para aguantar este lapso de tiempo.

¿A qué situación se enfrenta el mundo actual y España en particular?

Estamos en un mundo sobre endeudado, asolado por burbujas en todos los sectores de la economía donde la deuda mundial escalará en los próximos meses a récord históricos de más de 257 billones de dólares, estimó en enero de 2020 el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés).

La cifra asciende a alrededor de 32.500 dólares por cada una de las 7.700 millones de personas que somos en el planeta, más de 3,2 veces la producción económica anual del mundo.

En el caso de España la deuda asciende a la cantidad de 1.348,55 millones de euros. En el año 2019 nuestra deuda pública ya era de 1.188,862 millones de euros con una deuda del 95,5% respecto a nuestro PIB estando entre los países con más deuda del mundo en relación al conjunto de bienes y servicios que producimos en un año, como lo muestra este gráfico.

La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) estima que será necesario un fuerte ajuste fiscal y dos décadas de equilibrio presupuestario para recuperar el nivel de deuda pública que teníamos en el 2019, es decir, los esfuerzos y recortes que hemos sufrido estos últimos años no servirán de nada, “dos décadas más extras” ajustándonos el cinturón para llegar a deber lo que debíamos antes; desde luego no dejamos un buen futuro a nuestras generaciones.

Y todo esto suponiendo que el Banco Central Europeo mantenga los programas de estímulo monetario, es decir, que imprima dinero durante estos años para garantizar la financiación y con cuidado cuando vengan repuntes de los tipos de interés porque supondría un fuerte incremento del gasto de la factura que debemos.

A esta situación se ha llegado posponiendo constantemente el pago de la deuda y pidiendo más préstamos como norma, como si fuera gratis, así en los momentos complicados determinados gobiernos en lugar de reducir gastos para cuadrar cuentas piden más préstamos que luego deben pagar con mayor presión obligando los acreedores a imponer niveles impositivos cada vez más duros a una población a la que no han consultado.

Las economías se enfrentan ahora a diferentes escenarios de los cuales no sabemos con exactitud cuál será el que finalmente se produzca, porque en ningún momento hemos estado en esta situación de shock por la paralización de la oferta y la demanda.

Parece ser que se rompen las previsiones más optimistas de algunos analistas que preveían una caída del 20% de la economía pero después del tercer trimestre del año veríamos una recuperación muy sólida. Pues bien, esto parece que ya no va a ser así porque la cuarentena está durando más de lo debido.

Esto forzará a la pequeña y mediana empresa al cierre una vez termine la cuarentena disparando el desempleo. De hecho el pasado día 8 de mayo  EE.UU anuncio la pérdida de  20,5 millones de empleos y una tasa de desempleo al 14,7%.

Son varios los posibles escenarios por esta depresión económica que sin duda vamos a atravesar, inflación o deflación, por no decir otros menos probables como pueda ser la estanflación (aceleración de la inflación coexistiendo con tasas de desempleo elevadas) o la hiperinflación (subida del nivel de precios muy rápida y continuada).

En los periodos inflacionistas los bienes de la economía serán más valiosos en relación con la moneda y los periodos deflacionistas serán los que la moneda será más valiosa que los bienes de la economía, es decir, en los primeros escenarios el valor del dinero desciende porque se pueden comprar menos cosas al resultar estas más caras, al contrario que la deflación donde el dinero vale más y tiene mayor poder de compra frente a los bienes.

Con el schok producido por la pandemia no es fácil adivinar a donde nos dirigimos porque por un lado no podemos producir pero tampoco consumir. Si nos vamos por la oferta de bienes y servicios, deberían subir los precios por cuanto que existirá menos oferta al no haber producción, pero también esta crisis supone una reducción de ingresos, de moneda, por tanto menos demanda y los precios deberían bajar para que se puedan comprar.

Estamos viendo las políticas monetarias agresivas de la Reserva Federal (FED) con la impresión sin medida de dinero habiendo inyectado dos trillones de dólares en su economía y ya se habla de un plan de 4,5 trillones de dólares, más adelante hablaremos de cuatrillones, y de quintillones, cifras astronómicas que no sabemos a dónde nos van a conducir por cuanto que este dinero en realidad se queda en las grandes corporaciones que luego ofrecen como préstamos y créditos por los que debemos abonar intereses.

Se empezarán también con los rescates desde el Fondo Monetario Internacional. Y todas estas situaciones pueden destruir el valor del dinero. Pueden hacer que la divisa, que el dinero en efectivo se quede sin ningún tipo de valor escenario poco probable pero tampoco es descartable.

Sería deseable la educación financiera de la sociedad, nadie nos enseña cultura financiera, no está en las escuelas, nos hace estar al margen de las decisiones importantes quedándonos relegados a la crítica de la situación entre nosotros pero sin incidencia alguna para nuestras vidas y futuro.

Ahora más que nunca se necesita actuar conjuntamente e inventar nuestro futuro, nuestro nuevo mundo, antes que sea  tarde para reaccionar, siendo las sociedades las que adquieran de nuevo el protagonismo para la regeneración de los valores que siempre han perseguido justicia, libertad igualdad y solidaridad.

Una versión previa de este artículo ha sido publicada en Confilegal

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