Análisis

  • Moisés Barrio Andrés. Letrado del Consejo de Estado, Profesor, Árbitro y Abogado

Hacia la regulación jurídica de los robots

Los autómatas, los mecanismos ingeniosos, nos fascinan desde la antigüedad y abrieron el camino a otras criaturas mecánicas, como los robots, y después a ingenios inmateriales o no corporales, como los sistemas de inteligencia artificial (IA) que llevan ya cierto tiempo entre nosotros.

Luego vendrían los cyborg, anunciando lo transhumano y lo poshumano, fruto de las investigaciones sobre las relaciones entre cerebro y máquinas, sobre las interfaces cerebro-ordenador —las Brain-machine interfaces (BMIs) o Brain-computer interfaces (BCIs)— y, más en general, sobre la interacción persona-ordenador —la Human-computer interaction (HCI)—.

Ello quiere decir que los robots ya han llegado y que más están en camino. Los robots han salido de las cadenas de montaje de las fábricas para circular por las carreteras, como sucede con los primeros prototipos de coches autónomos, para volar en espacios aéreos más bajos y entregar mercancías por medio de drones o realizar reconocimientos para detectar construcciones no declaradas, por ejemplo. También están reemplazando a los electrodomésticos para crear hogares conectados e inteligentes, y asimismo están viajando a lugares más allá de la capacidad humana para abrir nuevas fronteras del descubrimiento espacial.

Así las cosas, los robots —grandes y pequeños— se han integrado en la asistencia sanitaria, el transporte, la recopilación de información, la producción industrial o el entretenimiento. Todo ello en espacios públicos y privados. Lo mismo cabe señalar de los cada vez más complejos sistemas de inteligencia artificial, que nosotros englobamos dentro del concepto de «robot» (en concreto, un softbot), los cuales ordenan las modalidades de funcionamiento de amplias áreas de nuestras organizaciones sociales, incluso dando lugar a lo que se ha denominado la dictadura del algoritmo.

Por ello, cabe afirmar que los robots y los sistemas de inteligencia artificial son uno de los grandes inventos verdaderamente disruptivos del entorno digital, y constituyen, sin duda, un vector de cambio vertiginoso de nuestras sociedades que apenas se ha comenzado a vislumbrar.

Lo que une a todos estos artefactos es la característica de que tales sistemas presentan cierto grado de autonomía en su funcionamiento, de «impredecibilidad», y también cuentan con la capacidad de causar daño físico, lo que abre una nueva etapa en la interacción entre los seres humanos y la tecnología.

Estos rasgos son los que convierten a la robótica en su conjunto en un campo relevante para los reguladores y los operadores jurídicos. ¿Son nuestros marcos jurídicos en vigor adecuados para hacer frente a los avances de la robótica? ¿Pueden regularse las nuevas tecnologías robóticas, en particular si se caracterizan por un comportamiento autónomo cada vez mayor, dentro de los marcos legales y éticos presentes? o, en caso contrario, ¿deben hacerse más genéricas las normas jurídicas existentes para que incluyan también a las tecnologías robóticas? ¿O más bien debemos aspirar a una disciplina jurídica autónoma y propia para los robots?

Para el estudio de estas cuestiones e intentar aportar algunas respuestas, he dedicado una obra titulada precisamente Derecho de los Robots (Ed. Wolters Kluwer). En este libro hemos identificado una serie de cuestiones nucleares suscitadas por el despliegue generalizado de la robótica y de la inteligencia artificial en la sociedad, mediante un estudio interdisciplinar que incluye los aspectos científicos, jurídicos, médicos y éticos más relevantes. Se trata de un área del Derecho que cada vez más irá creciendo en importancia,hasta integrar una nueva disciplina jurídica, el Derecho de los Robots, como en su momento sucedió con el Derecho del Trabajo o el Derecho Ambiental. Más recientemente, en la hace poco estrenada Revista de Derecho Digital e Innovación de Wolters Kluwer he acuñado los principios generales del Derecho de los Robots.

En definitiva, el Derecho ofrece herramientas para dar respuesta a este fenómeno disruptivo, si bien queda naturalmente mucho por hacer en un campo todavía incipiente en parte. Abordar estas cuestiones de manera organizada es una empresa colosal, la cual requiere un diálogo permanente y profundo que debe implicar a las disciplinas jurídicas, éticas y científicas si se quiere que sea fecundo y útil, para permitir a los diseñadores y fabricantes de robots evitar problemas legales y éticos. Y todo ello en una rama jurídica nueva, el Derecho de los

Robots, que a la vez adaptará el Derecho general —en cuanto que previamente vigente—, y, en la medida de lo necesario, creará un Derecho nuevo que respete los principios estructurales de dignidad, libertad e igualdad en el marco del mantenimiento de la democraticidad total de los sistemas robóticos y de inteligencia artificial.

Y el tratamiento de todas estas cuestiones tiene que realizarse con normas jurídicas, porque las normas éticas no cuentan con garantías jurídicas, ya que solo vinculan en el fuero interno y conllevan, en caso de incumplimiento, pecado y eventualmente condena eterna, pero no sanciones, multas o penas de prisión. El Derecho debe asegurar que los productos y sistemas robóticos respeten los derechos fundamentales de las personas recogidos en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea y en las constituciones de los Estados. Además, una regulación anticipada, prudente e inteligente permite a los responsables de la formulación de políticas públicas influir en la forma en que se diseñarán y funcionarán estas tecnologías. Una regulación eficaz también creará confianza en la seguridad de los dispositivos y aplicaciones, además de que garantizará el respeto a la protección de datos desde el diseño y por defecto, lo cual es esencial para que los consumidores, las empresas y las administraciones públicas incorporen estas innovaciones con garantías jurídicas.

A la postre, las notas definitorias comunes que desde el punto de vista tecnológico sustantivan y caracterizan a los sistemas robóticos y de IA, así como las situaciones disruptivas privativas que están alumbrando, permiten justificar la autonomía académica y jurídica del Derecho de los Robots. Esta nueva rama, que deberá aprovechar las técnicas y avances del Derecho de Internet, debe estudiar los nuevos problemas de privacidad, responsabilidad civil y penal, consumo y seguridad, entre otros, que los robots y los sistemas de inteligencia artificial están empezando a plantear. Incluso no faltan quienes defienden la creación de una Comisión Federal de Robótica o Agencia pública equivalente que regule esta materia.

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