Análisis

El abogado internacional del futuro: competencias, habilidades y capacidades

ICAM

De izquierda a derecha: Lola Conde, Soledad Atienza, Javier Fernández- Samaniego y Almudena Arpón de Mendívil participan en la mesa redonda celebrada en el Auditorio de IE University. Foto: ACN

  • Modera: Soledad Atienza, Decana IE Law School.
  • Intervienen: Almudena Arpón de Mendívil, Vicepresidenta de la IBA y coordinadora del Grupo de Tecnología, Medios y Telecomunicaciones de GA_P; Lola Conde, Corporate Legal Director en el Banco Santander; Javier Fernández-Samaniego, Abogado, Árbitro y mediador internacional. Conciliador designado por España ante el CIADI.

En un contexto cada vez más globalizado con unas fronteras, dentro del mundo de los negocios, cada vez más difusas, se perfila qué elementos reúne el abogado internacional y cuál es el elenco de habilidades y competencias que demandan las grandes empresas para incorporarlos y mantenerlos en su plantilla.

El abogado del futuro, abogado del presente

“No cabe un abogado que no tenga la vocación de convertirse en un abogado internacional. Una abogacía sostenible es una abogacía internacional para el presente y para el futuro de los negocios.”, sostenía Conde desde su primera intervención. “Si no sabes derecho de todas las nacionalidades no pasa nada, es precisamente por eso por lo que tenemos abogados en cada una de las jurisdicciones, lo que necesitas es saber gestionar esa diversidad, ser capaz de obtener lo mejor de cada uno para un resultado único”, expresaba.

Coincidían los ponentes en que no se trata de manejar al dedillo regulaciones de otros países, sino la cultura del país extranjero. En palabras de Fernández- Samaniego, “reunir un perfil cosmopolita, entender por ejemplo que el concepto de buena fe no se presume en el mundo anglosajón, y ser capaz de traducirlo para generar confianza”. Como aproximación, el ponente apuntaba que es necesario “combinar el mundo anglosajón con el continental”.

En todo caso, matizaba Arpón, hay que conocer “una serie de Derecho Común de los Negocios, muy basado en el anglosajón, pero, sobre todo, la forma de trabajar en estos entornos internacionales”.

Y es que, refería Conde, “a día de hoy no se conoce prácticamente ningún negocio local, los señores que producen naranjas en el Levante venden en el extranjero. Existe un componente internacional en prácticamente todo”. En este sentido, para Arpón, “es el momento de pensar en un International Law Degree que consista en tener el conocimiento de cuestiones comunes que se van construyendo en el mundo internacional de los negocios y que imparta otras habilidades para tener un marchamo que permita trabajar en esos temas en cualquier jurisdicción, sin perjuicio de que luego haya ese asesoramiento local”.

“El abogado tiene que ser alguien más que el que aplica una norma local o interpreta un contrato, es esa persona de confianza, con criterios jurídicos, con capacidad de relacionarse, representando a la compañía, a sus valores, a su estrategia, a su cultura... eso es un abogado, si no, no puede tener carrera profesional”, advertía Conde.

¿Qué competencias se requieren?

La mesa coincidía en destacar la importancia de saber comunicar, aunque, señalaba Conde, “no hay que confundir la comunicación con la lengua, no es un tema de idioma, es un tema de relaciones”.

Para Fernández-Samaniego, que refirió las oportunidades que implica el terreno de la resolución alternativa de conflictos en este campo y, en concreto, el arbitraje internacional -“obligatorio porque, no viajando el Derecho tan bien como otras profesiones, los comerciantes no pueden estar anclados en el juzgado”, son claves “la brevedad, la concisión y las técnicas de persuasión. Los juniors de los que me fío son los esmerados, los detallistas, en los que veo que se han mirado un tema y no queda ni una sentencia más”.

Arpón, por su parte, expuso que “la capacidad técnica en el Derecho nacional, iura novit curia, va de suyo, pero son tan importantes o más los soft skill: ser cross cultural, porque al final tienes que ponerte en el lugar de las otras partes; tener empatía, dotes de comunicación, capacidad de relación. Y por supuesto ética, que es lo que va a marcar la diferencia para saber qué es lo correcto. Por último, la ilusión, el compromiso”.

Las habilidades tecnológicas también fueron un punto a favor destacado, “las capacidades digitales marcan una diferencia muy grande, permiten dar soluciones y que hagamos de manera mucho más eficientes determinados trabajos”, postulaba Fernández- Samaniego.

Sin embargo, indicaba Conde, lo más importante es “ser líquidos, gente que recibe cambios, golpes, situaciones y que inmediatamente se readapta y vuelve a su forma natural”. Para la ponente, también se requiere “ser un jurista. Es muy importante esa curiosidad, estar constantemente inquietos por saber más, refundarnos cada día. Lo soft hoy, en tecnología y en abogacía, es lo hard”, defendía, reconociendo no obstante que “no eres perfecto ni te lo sabes todo, hay que saber convivir con esa incertidumbre, es al hacerlo cuando empiezas a ser resiliente y potente”.