Análisis

  • Blas Piñar Guzmán. Abogado.

Cuando la abogacía es cuestión de suerte, pero no sólo

Una reseña a El abogado, por Papiniano (traducido por Javier Jiménez-Ugarte)

RESUMEN: Existe una secreta afinidad entre Grecia y España que se aprecia de nuevo en la trayectoria profesional de Tryfon J. Koutalidis, abogado que asesoró a Aristóteles Onassis y a Constantinos Karamanlís a lo largo de un periodo decisivo de la historia de la Grecia moderna. Sus memorias, traducidas al español por Javier Jiménez-Ugarte, Embajador de España, destilan peripecias de toda índole en el ejercicio de la abogacía, así como buenos y sabios consejos con los que adentrarse en el ejercicio profesional bajo el paradigma del «derecho preventivo».

ABSTRACT: There is a secret affinity between Greece and Spain that can be seen again in the professional career of Tryfon J. Koutalidis, a lawyer who advised Aristotle Onassis and Constantinos Karamanlís throughout a decisive period in the history of modern Greece. His memoirs, translated into Spanish by Javier Jiménez-Ugarte, Ambassador of Spain, distill adventures of all kinds in the practice of law, as well as good and wise advice with which to initiate the professional practice under the paradigm of "preventive law”.

PALABRAS CLAVE: Grecia, abogacía, derecho preventivo


Existe una secreta afinidad entre los países de la cuenca norte occidental del Mediterráneo. A los españoles que hayan gozado alguna vez del placer de callejear por Atenas les habrá sonado extrañamente familiar el rumor de los griegos parloteando. Unos y otros no comparten demasiado de sus respectivos idiomas, pero los pronuncian de la misma forma. Distintos alfabetos, misma fonética. Esa secreta afinidad está magníficamente retratada, con ingenio y humor, por Petros Márkaris al comienzo de Con el agua al cuello, cuando el comisario Kostas Jaritos se deja aconsejar la compra de un Seat Ibiza «por solidaridad entre los PIGS», de los que formábamos parte, allá por la crisis de 2008, Portugal, Italia, Grecia y España.

Y esa secreta afinidad se percibe nuevamente en El abogado, las memorias escritas -bajo el pseudónimo de Papiniano- por quien fuera asesor jurídico de Aristóteles Onassis. Con la bizarría que le caracteriza, la obra fue traducida del griego moderno al español por Javier Jiménez-Ugarte, Embajador de España, tiempo después de su destino al frente de la embajada española en Atenas. Sólo él puede confesarnos si sus roles actuales de consejero externo de López Rodó & Cruz Ferrer Abogados en materia de mediación y arbitraje, así como de Presidente de la Sección de Colegiados No Ejercientes del ICAM, se deben a las inspiraciones autobiográficas de Tryfon J. Koutalidis, que es así como se llama El abogado de marras.

Grecia y España experimentan transformaciones socioeconómicas similares en la segunda mitad del siglo XX, transformaciones que acompañan las peripecias profesionales narradas por Koutalidis. Casi todo comienza al toparse con Aristóteles Onassis, quien enseguida percibe las cualidades de nuestro autor y lo recluta como abogado para Olympic Airways, aerolínea de bandera griega pero de propiedad -por aquél entonces- del célebre magnate. Ingresó inesperadamente en lo que denomina «la Universidad Onasiana», puerta de entrada para él a una abogacía de empresa compleja, internacional y galopante. Puesta en marcha de bufete propio entrambas, la Universidad Onasiana desembocó en «la Academia Karamanlís», periodo de madurez durante el cual acompañó al mandatario heleno en su segunda etapa política. Las páginas del libro rebosan agradecimiento y complicidad con ambas figuras históricas.

Postgraduado en Londres, Doctor en Derecho, negociador de complejos tratados de compraventa y financiación internacionales, representante de Grecia en una de las conferencias internacionales de Montreal sobre aviación, litigador ante la jurisdicción penal, factótum de numerosas modificaciones normativas, albacea testamentario, promotor de fundaciones… Abruma la multiplicidad de facetas de la experiencia forense de Koutalidis, siempre desde el paradigma minucioso del «derecho preventivo», categoría que acuñó para referirse a la síntesis de sus mejores prácticas profesionales.

Sus memorias están plagadas de buenos y sabios consejos de gran valía para el ejercicio de la abogacía. Que el mejor cliente de un abogado es siempre otro abogado. Que no basta con hacer bien tu trabajo, sino que hace falta hacérselo ver al cliente. Que en ocasiones hay que valerse de otros abogados con experiencia y renombre. Que se debe conducir a la contraparte al pacto antes que al pleito. Que la relación entre el estudio minucioso del caso y el triunfo en el mismo es directamente proporcional. Que si se te pide la opinión sobre algo que no dominas, di que lo estudiarás y prepara una nota. Y que no existen problemas jurídicos irresolubles.

Koutalidis encaró el inmenso cambio que suponían los bufetes internacionales de raigambre anglosajona, a los que califica de «fábricas jurídicas», respecto de la manera tradicional de ejercer la abogacía. Se afanó por aprender, adaptarse e importar el modelo. Y puede calificarse de bendita la insistencia en un tríptico que todo buen abogado debería grabarse a fuego: el cumplimiento de los plazos comprometidos, el asesoramiento brindado siempre por escrito y la adecuada proyección para con el cliente del trabajo realizado. Destaca asimismo la profusión de alusiones al arbitraje internacional, que contextualiza quizás los terrenos sofisticados en los que se movió.

La lectura de El abogado resultará especialmente recomendable y provechosa, amén de instructiva, para los alumnos del máster de acceso a la abogacía. No sólo por la ristra de consejos, sino porque todos y cada uno se insertan en un tiempo, un espacio y un haz de relaciones capaces de vivificarlos, dotándolos de su pleno sentido y enjundia. Se insertan, en definitiva, en la intrahistoria de la secreta afinidad entre Grecia y España.

El abogado, Papiniano (Tryfon J. Koutalidis). Traducción de Javier Jiménez-Ugarte. Sial narrativa, 2010.