Análisis

  • Virginia de la Cruz Burgos. Abogada Vicepresidenta y coordinadora del Área de Igualdad de ALTODO

¿Cien años para la igualdad real? Un largo camino por recorrer

Comienzo citando unas palabras de la abogada María Telo: Igualdad jurídica no quiere decir igualdad de hecho. Precisamente gracias a abogadas como ella o como Clara Campoamor se iniciaron las reformas legales que han conducido a una igualdad entre sexos, pero no se ha conseguido aún una igualdad real. En el día a día nuestros modos de actuar están condicionados por estereotipos de género que nos han enseñado desde la infancia y de los que a veces ni siquiera somos conscientes.

Las mujeres nos hemos preparado con la ilusión de alcanzar las metas más altas. El hecho sobre todo de empezar a vivir en pareja y tener hijos nos sitúa ante jornadas de trabajo interminables, a las que a la jornada laboral se sucede el trabajo no remunerado en casa. Muchas compañeras dejan de trabajar o tienen que buscar empleos a tiempo parcial o en horario flexible. Por mucho que se diga lo contrario, el trabajo en el hogar aún no se reparte al 50% en la pareja y las mujeres siguen llevando la carga principal en el cuidado de los hijos y de los familiares dependientes.

Las abogadas debemos cumplir con los plazos legales y en los juzgados no encontramos empatía o comprensión cuando tenemos problemas relacionados con embarazos, enfermedades de los hijos o de los padres, etcétera. En el turno de oficio hacemos guardias de 24 horas y he visto a muchas compañeras llevando a sus bebés al juzgado o a las comisarías, incluso de noche. También he visto compañeras a las que no les han suspendido los plazos en los procedimientos o una vista judicial en caso de enfermedades graves de sus hijos. Se podría escribir un libro con anécdotas de abogadas con niños pequeños. Sería necesario elaborar un protocolo con criterios claros de suspensión de plazos y señalamientos en casos de enfermedades de familiares dependientes o en casos de partos o problemas en el embarazo, que se plasmara en una disposición legal.

O se arbitran medidas para conciliar la vida familiar y/o laboral, o la tasa de natalidad en España seguirá descendiendo. Según el I.N.E. el número de nacimientos continúa con la tendencia a la baja de la última década, sólo interrumpida en 2014. Desde el año 2008 la cifra ha descendido un 29%. En 2018 la media de hijos por mujer ha sido de 1,25, el valor más bajo desde 2002. Esta cifra va acompañada de un retraso en la edad de la maternidad. En 2018 ha habido más defunciones que nacimientos. Nuestros legisladores no se pueden seguir poniendo de perfil ante una situación tan alarmante.

La mayor parte de las compañeras con las que hablo, entre las que me incluyo, querrían o hubieran querido tener más hijos, sin embargo no los tienen por razones económicas, por sus horarios laborales o por falta de medidas de conciliación de la vida familiar y laboral. Éste es un fracaso de nuestro Estado, ya que el bienestar de la población no se mide sólo por el nivel económico, sino que es mejor indicador el estado de felicidad de quienes lo habitan.

Sobre los techos de cristal, su existencia no admite mucha discusión porque viene avalada por datos. Si nos movemos por los juzgados, vemos una mayoría de juezas y fiscales y sin embargo, son minoría en los más Altos Tribunales, como las abogadas en las juntas directivas de los grandes despachos. En mi opinión sí es necesario establecer cuotas obligatorias porque es la única manera de que las mujeres vayan accediendo a los puestos de decisión. Gracias a este sistema de cuotas tenemos en la Junta Directiva del Colegio de la Abogacía de Madrid la mitad de mujeres, que defienden una perspectiva de género y que se está traduciendo en la publicación del Plan de Igualdad o en campañas potentes contra la trata o sobre violencia de género.

Los abogados y las abogadas somos conocedores por experiencia de la importancia del lenguaje, que tiene una fuerza difícil de percibir, pero que condiciona nuestra forma de ver la realidad. El Colegio de la Abogacía de Madrid ya cambió decidió cambiar su denominación, al igual que ALTODO, Asociación de Letrados y Letradas del Turno de Oficio, a la que tengo el honor de pertenecer, utilizando ambos un lenguaje inclusivo. Es muy importante no dar ningún paso atrás en este avance.

Como juristas tampoco podemos permitir que se dé ni un solo paso atrás en la defensa contra la Violencia de Género. Decía el otro día la Decana de Barcelona, María Eugenia Gay, que se trata de la una nueva forma de terrorismo. Existe cuando una mujer muere o se la maltrata por el simple hecho de serlo, como cita la Exposición de Motivos de la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, que fue aprobada en 2004, ante el punto de inflexión que supuso el brutal asesinato de Ana Orantes a manos de su ex marido. Empezó a realizarse un cómputo de víctimas, que han alcanzado a fecha de hoy 1019, 44 mujeres en lo que va de 2019.

Un recuerdo a todas aquellas que en nuestro planeta son víctimas de violencia extrema y por haber nacido mujeres son sometidas a ablación, matrimonios forzosos o a perder su identidad tras un burka. Da vergüenza que nuestra compañera abogada Nasrin Sotoudeh esté condenada a 38 años de cárcel y 148 latigazos por defender a las mujeres que se niegan a acatar en Irán el uso del velo. Animo a firmar la solicitud de su liberación en la página de Amnistía Internacional.

Mi agradecimiento a todas las mujeres que nos precedieron e hicieron posible que ahora muchas seamos libres en nuestras convicciones, a Susana Gisbert, a María Eugenia Gay, Yolanda Navarro, Raquel Segovia, Esperanza Marcos, Begoña Castro y a tantas que no podría enumerar, que dan voz a una realidad que muchos quieren negar y a veces es difícil de percibir.

Cien años tienen que pasar para que la igualdad entre hombres y mujeres sea real, según el Foro Económico Mundial. Creo que la transformación debe partir de cada uno/a de nosotros/as. De luchar contra los prejuicio aprendidos. Es una tarea de los hombres y de las mujeres, que, si queremos seguir avanzando, debemos luchar porque otras sean valoradas con independencia de su sexo y lleguen a los puestos de decisión. Queda un largo camino por recorrer por nosotras y por las que nos siguen.

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