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La abogacía en la era de la complejidad

18/05/2020

Entrevista a Antonio Garrigues, Presidente de Honor de Garrigues.

A sus incontables responsabilidades y compromisos dentro y fuera del ámbito de la abogacía, el presidente de honor del despacho Garrigues ha sumado recientemente uno nuevo: vocal de la junta directiva del Club Sénior del ICAM. Desde su sede, emplazada en el nuevo Espacio Abogacía, Antonio Garrigues aborda en esta entrevista las dificultades para ejercer la profesión en un contexto de creciente incertidumbre en el que los abogados más veteranos también tienen mucho que decir.

En su Manual para vivir en la era de la incertidumbre (ed. Lumen) describe el tiempo presente como una nueva era dominada por la falta de certezas, en la que revoluciones de índole tecnológico, científico, cultural y político se solapan conformando una realidad compleja con la que debemos acostumbrarnos a convivir. ¿Cómo se gestiona esta incertidumbre?

La humanidad tiene cada cierto tiempo épocas de cambio y estamos en una de ellas.

Todos esos fenómenos mencionados, unido al cambio sociológico generado por el protagonismo de la mujer, cuyas consecuencias todavía no valoramos suficientemente, se están produciendo al mismo tiempo. Nuestra obligación es aceptarlo y adaptarnos a las nuevas realidades según se vayan produciendo. ¿Qué eso es difícil? Es difícil. ¿Qué genera incertidumbre? Pues genera incertidumbre. Lo que tenemos que hacer, en definitiva, es estar preparados para ir adaptándonos poco a poco a un mundo cada vez más cambiante.

¿De qué manera están afectando los avances tecnológicos y científicos a nuestros derechos y libertades?

Yo creo que no tenemos hecho todavía un análisis profundo y completo de ese tema. A mí me gustaría que el estamento jurídico en su conjunto, y en concreto el mundo de la abogacía, se ocupara de estudiar eso a fondo. Porque toda la revolución tecnológica y científica está produciendo cambios muy sustanciales que no sabemos todavía valorar. Entre otras cosas, porque al abogado clásico no se nos ha formado en temas científicos ni en temas tecnológicos. Porque la Universidad sigue viviendo la época de distinguir entre ciencias y letras, sin darse cuenta que estamos en una época en la que todo estudiante tiene que conocer ciencias y tiene que conocer letras. Y que segmentar ese tipo de educación es un riesgo en cuanto a la formación que debe tener un cerebro humano en estos momentos. La abogacía tiene que entender que vamos a un mundo en el que los campos tecnológico y científico van a cumplir un papel muy importante, positivo en muchos aspectos, pero que puede tener también riesgos, y por lo tanto tenemos que estar vigilantes.

El profesor Esteve Pardo ha señalado que la pérdida de certezas en campos acostumbrados a ellas, como la ciencia, la sociología o las matemáticas, ha trasladado al Derecho la responsabilidad de encontrar certidumbre que un mundo en el que cada es más difícil encontrarla. ¿En qué medida corresponde a los juristas sacar a la humanidad de esta época de incertidumbre?

En efecto, han desaparecido las certezas científicas y las certezas tecnológicas. Pero yo no creo que el mundo jurídico tenga que vivir de certezas. Yo creo que el mundo jurídico también va a tener que verse sometido a situaciones de incertidumbre, es la época que nos toca y por tanto no tenemos por qué asumir responsabilidades que yo creo que no nos corresponden. Lo que tenemos que hacer es mantenernos vigilantes para que ese tipo de incertidumbres no generen situaciones de indefensión. Es ahí donde tenemos que tener sumo cuidado, y por lo tanto nuestra obligación es acercarnos cada vez más a las consecuencias que tienen los avances tecnológicos y científicos. No podemos estar al margen de ese fenómeno por mucho que no nos creamos llamados a ello. Tenemos que estar pegados a esta evolución y seguirla muy de cerca, y no lo estamos haciendo.

¿Cómo convive un abogado con toda esta incertidumbre que nos rodea cuando una de sus funciones consiste en encontrar certezas para los clientes que pagan por sus servicios?

Yo creo que nuestra obligación frente al cliente es hacerle ver la realidad. Ciertamente, los clientes no son tontos, son gente tan lista como nosotros, y también asumen que estamos viviendo en una situación en donde ofrecer certezas es realmente complicado y difícil, y que lo que hacemos es intentar aplicar de la mejor manera el sentido común y hacer un ejercicio de predicción lo más sabio que podamos. Pero no va a ser tarea fácil, la verdad.

Si tuviera que hacer un manual con medidas concretas para ejercer la abogacía en esta era de la incertidumbre, ¿qué incluiría?

Por de pronto, tenemos que empezar a desarrollar una mente más global, entender lo que está pasando en el mundo. Y para tener una mente global tenemos que tener un mayor conocimiento de otros sistemas jurídicos, conocimientos idiomáticos más profundos y un mayor protagonismo en la sociedad.

Tenemos que empezar a aceptar que en el mundo hay varios sistemas jurídicos, y que el common law está prevaleciendo en su conjunto al civil law. Tenemos también que hacer un esfuerzo para entender que el conocimiento idiomático ayuda mucho a la comprensión de los problemas del mundo, y que en España hay un déficit de conocimiento idiomático.

Yo creo que, como no hagamos eso, vamos a perder protagonismo. Y que el mundo jurídico pierda protagonismo en la sociedad, a mí es un tema que me inquieta.

Nuevas capacidades

Por tanto, una de las vías para aumentar ese protagonismo viene de la mano de la formación

Así es. Y es ahí donde yo creo sinceramente que las universidades y las facultades de Derecho tienen que hacer un esfuerzo determinado. Yo he tenido la oportunidad de hablar con muchos decanos de Derecho y creo que todos ellos son conscientes de que estamos en una época de cambio. Lo malo es que estamos también en una situación universitaria en donde los cambios están todavía muy dominados por la burocracia. Y, por lo tanto, la agilidad de las universidades para adaptarse a los nuevos tiempos es otro de los déficits que tenemos que afrontar. Porque, en estos momentos, de una facultad de Derecho tienen que emanar abogados que tengan habilidades y capacidades muy distintas a las que yo tuve en mi época.

¿En qué ha cambiado el ejercicio de la abogacía?

Los abogados tenemos que ser conscientes de que se están creando continuamente nuevos derechos. Tengo 85 años y empecé a trabajar a los 20. Desde entonces han aparecido el derecho contable, el derecho laboral, el derecho medioambiental, ahora estamos hablando ya de derecho tecnológico, de derecho científico... El mundo jurídico tiene que seguir conociendo esos derechos. No podemos quedarnos atrás, y tengo la sensación de que nos estamos quedando atrás.

¿Los colegios de abogados pueden jugar un papel relevante en ese proceso de transformación del abogado tradicional a uno mucho más multidisciplinar, global y con mayores capacidades?

Sin duda de ningún tipo, y lo están haciendo ya. Tanto el Colegio de Abogados de Madrid, como el de Barcelona, que están además cooperando muy bien, este tipo de temas los tienen ya en su agenda, y saben perfectamente que es un tema que está ya en todos los colegios de abogados de Europa. En eso hay que seguir un poco el modelo anglosajón, tenemos que ser mucho más rápidos en adaptarnos a las nuevas situaciones.

Hablando del mundo anglosajón, en Estados Unidos ya hay colegios de abogados que, además del conocimiento técnico jurídico, están exigiendo unas bases de conocimiento tecnológico sin las cuales no se da el acceso al ejercicio de la profesión

Así es, porque una abogacía que no acepte que estamos en un mundo digital, es una abogacía que tiene grandes posibilidades de perder influencia y capacidad de acción. Yo creo que nos estamos adaptando adecuadamente, pero en Estados Unidos, que son realistas, se dan cuenta de que los abogados que no tengan una cierta capacidad digital no están capacitados para ejercer la abogacía de una manera eficaz. Por tanto, es un tema que debe exigirse y que debemos exigirnos. No sé si en España seríamos capaces de imponer esa obligación, a mí me parecería sensato.

¿A quién corresponde impartir esta formación?

Eso corresponde a las universidades, está claro. Lo que dicen es que tienen un sistema burocrático que les impide actuar con mucha más agilidad y eficacia. Y es ahí donde yo creo que las universidades, en contacto con los colegios de abogados, deberían ponerse a estudiar cuál sería la fórmula más eficaz para acelerar ese tipo de temas. Desde luego, un abogado español que emane de una universidad ahora sin saber qué es el derecho tecnológico, el derecho científico, y que no tenga capacidad digital, no está bien preparado para ejercer el derecho en estos momentos.

¿Cuáles son los cambios de mayor calado que está provocando la tecnología en los despachos y en el ejercicio profesional de los abogados?

Fundamentalmente que la capacidad en cuanto a la cantidad de información que se puede tener en estos momentos es infinitamente más grande que la que yo tenía. Yo pertenezco a la época de abogados que vivíamos fundamentalmente del Aranzadi, esa era nuestra fuente de información básica. La cantidad de información que un abogado joven tiene en estos momentos es realmente admirable.

¿La generalización del uso de la tecnología en el sector jurídico pone en peligro puestos de trabajo?

Sin duda. Habrá que aceptarlo. Y lo que hay que aceptar es que, insisto, un abogado que no tenga la más mínima capacidad digital tiene menos capacidad de empleo. Y que esos son los condicionantes de la época, y el que no quiera aceparlo, que no lo acepte, pero que sepa que eso implica, en definitiva, una renuncia a la modernidad y al saber de tu tiempo.

Abogacía y política

¿Cómo interpreta que haya cada vez más magistrados, fiscales y políticos que se incorporen al ejercicio de la abogacía?

La verdad es que eso ha pasado desde el principio de la profesión de la abogacía, y tiene su lógica. Hay que pensar que la mayoría de los políticos españoles tienen formación en Derecho, y por lo tanto esa oportunidad está siempre a su alcance. Y lo mismo pasa en el mundo judicial. A mí me parece que ese traspase de personajes políticos y del mundo judicial es positivo para la profesión, siempre se ha producido y yo creo que siempre se acabará produciendo.

Y en el sentido contrario, ¿cree que es necesaria una mayor presencia de juristas en el ámbito de la política?

En estos momentos, insisto, en el mundo político la profesión que domina es la del Derecho. El que tengamos más presencia siempre puede ser positivo, pero creo que en el mundo de la política tiene que haber también otros tipos de conocimiento, y que por lo tanto hay otras profesiones liberales que también deberían tener su protagonismo.

De una manera natural, la abogacía siempre ha tenido una mayor presencia en la vida política que otras profesiones liberales, y la seguirá teniendo, no creo que haya que acentuar ese planteamiento. No niego que el conocimiento de la realidad jurídica sea importante en este mundo cambiante para la vida política, pero yo creo que estamos bastante bien representados.

¿Qué le pediría a la clase política?

Mejorar la situación de la justicia y mantener una relación más intensa con el mundo de la abogacía. La abogacía puede aportar mucho al mundo de la política, y por descontado que la justicia tiene un papel esencial. Pero creo que podemos hablar del mundo jurídico en su conjunto, es decir, del mundo universitario, judicial y profesional. Los tres mundos tienen que unirse para hablar con el mundo político de la importancia de la justicia, de tener un buen orden jurídico, del respeto máximo a los derechos humanos, de los peligros y oportunidades que existen. Podemos participar prácticamente en todos los debates, incluido el debate territorial, pero también en el debate económico o cultural. Es decir, tenemos que tener un ansia de protagonismo, el mundo jurídico no puede aislarse de lo que está pasando en el mundo actual.

En su último libro aborda también la crisis de los partidos políticos y de las democracias liberales a nivel global

Vivimos en un mundo en el que, últimamente, sobre todo en la literatura anglosajona, todo el mundo habla de dos crisis: la crisis del modelo democrático y la crisis del modelo económico. Y en efecto, yo creo que esas dos crisis son reales. El modelo democrático tiene que agilizarse, adaptarse a las nuevas realidades y modernizarse, pues está muy anticuado. Y lo mismo le pasa al capitalismo, tiene que empezar a asumir nuevas obligaciones, las empresas tienen que empezar a asumir que su propósito en la vida económica tiene que tener también un compromiso social más importante. Por lo tanto, el regenerar la democracia y el modelo económico son dos obligaciones que en estos momentos tiene la humanidad, y en las que la abogacía debería tener el mayor protagonismo posible.

A nivel europeo, el Brexit supone un enorme desafío también en términos jurídicos

El Brexit no es una buena noticia, para qué nos vamos a engañar. La separación de Gran Bretaña del mundo europeo tiene además el riesgo de que, de alguna forma, nos separa del mundo anglosajón.

¿En qué sentido?

Como todo el mundo sabe, el modelo anglosajón es un modelo jurisprudencial, mientras que el modelo europeo es de codificación. Si hablamos de cambios y complejidades, qué duda tiene que el sistema jurisprudencial está mucho más preparado para adaptarse a esos cambios. Por eso la abogacía tiene que conocer mejor el common law. Y ahí es donde la relación entre el estamento de la abogacía y el estamento judicial debería ser más fluida. Deberíamos hablar de este tipo de temas con más intensidad, y deberíamos hablar no solamente a nivel español, sino también a nivel europeo.

Club Sénior

Estando en la sede del Club Sénior del ICAM, es imperativo preguntar por el papel que la abogacía veterana puede jugar en estos momentos de incertidumbre

Aquí se está produciendo un fenómeno que ya nadie puede dudar, y es que está aumentando la longevidad física. Hasta hace poco tiempo, el promedio de vida era de 65 años, estamos ahora superando los 83 y los 84, y ese proceso va a continuar. Y si aumenta la longevidad física, tiene que aumentar la longevidad mental. Los más viejos tenemos que tener una permanente curiosidad intelectual y una permanente formación. Intentar poner límites al ejercicio profesional me parece que es inútil, en estos momentos prácticamente a cualquier edad el abogado puede colaborar en el ejercicio de la defensa y de la justicia de una manera muy positiva.

¿Qué tipo de actividades van a impulsar desde el Club Sénior y de qué manera puede canalizar toda esa experiencia al servicio de los abogados más jóvenes?

La última reunión que tuvimos fue fascinante, hubo muchísima gente y hablamos de todas las posibilidades que teníamos. Lo primero es utilizar este maravilloso espacio en el que estamos teniendo esta entrevista para hacer muchas más cosas: dar clases de baile, representar obras de teatro… Es decir, mantener una vitalidad en todas las áreas de la actividad humana. Y lo segundo es utilizar este Espacio Sénior para mantener contacto también con la gente joven para intercambiar ideas y debates. Podemos hablar de los problemas de un abogado joven actual y ver cómo facilitarles su tarea.

Por Jaime Gómez. Fotografías de Diana Fernández.

Entrevista publicada en el número 5|2020|7ª época de la revista Otrosí.net

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