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Conversación en perspectiva sobre el futuro de la Abogacía

19/12/2018

José María Alonso, decano del Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid, y María Eugenia Gay, decana del Ilustre Colegio de la Abogacía de Barcelona, protagonizan la grabación de una Conversación en la Azotea de Lefebvre para poner luz y taquígrafo a los problemas y los retos que afectan a los más de 200.000 abogados que existen en España. Los máximos responsables de los mayores colegios de abogados españoles escenifican una vez más este nuevo puente de colaboración colegial entre las dos ciudades y repasan, junto a la periodista Ángela Martialay, el estado de cuestiones claves como la igualdad en la profesión, la incidencia de las nuevas tecnologías en el ejercicio de la profesión, la problemática que rodea al turno de oficio, o las iniciativas que están llevando a cabo para asegurar la sostenibilidad de la profesión: los jóvenes abogados.

  José María Alonso, Ángela Martialay y María Eugenia Gay  

¿Qué significa ser abogado en el siglo XXI?

María Eugenia Gay (MEG)

La Abogacía siempre se ha caracterizado por la sensibilidad y el com­promiso en la lucha por los derechos y libertades de las personas, de las cuales somos sus garantes. Por lo tanto, la esencia de la profesión siempre será precisamente defender el derecho de defensa de los ciu­dadanos, nuestros clientes.

Sí que es cierto que, entrado el siglo XXI y a la vista de este mundo interconectado, globalizado, internacionalizado y digita­lizado en el que vivimos, es obvio que el abogado del siglo XXI deberá tener unos conocimientos que vayan mucho más allá de los estrictamente técnicos y jurídicos que tradicionalmente le eran exigibles.

El abogado debe tener ahora ciertas habilidades, como por ejem­plo con el marketing, para fidelizar y conseguir clientes; con el uso de herramientas para la gestión de despachos, con las que tener realmente una productividad más compensada en relación al esfuerzo que se realiza en el propio despacho; y será también importante que tenga conocimientos en gestión de equipos y de recursos humanos.

Por lo tanto, hay un nuevo escenario que se ha generado precisamen­te con la entrada de las nuevas tecnologías y de la internacionaliza­ción, que requiere ciertos conocimientos que anteriormente no eran tan exigibles.

José María Alonso (JMA)

Yo estoy totalmente de acuerdo con María Eugenia. Añadiría a lo que ha señalado que los clientes cada vez quieren que conozcas mejor el área de industria en la que trabajan. Es decir, si tú estás trabajando para compañías de telecomunicación, energía o fabricación de automóvi­les, no basta con saber mucho Derecho, quieren que conozcamos su negocio realmente, cuáles son sus peculiaridades. Con lo cual, nece­sariamente hay que estar mucho más al día de la realidad.

Por supuesto, hay que incidir también en el tema de las nuevas tec­nologías. Se avecinan, o estamos ya en tiempos complicados en los que las nuevas tecnologías pueden ocupar espacios que ahora ejerce­mos los abogados y no debemos verlas solo como una amenaza, sino como una fuente de oportunidades.

Ustedes representan a dos instituciones con un importantísimo peso en la Abogacía, ¿en qué se basa la colaboración entre ambas?

JMA

La gran complicidad entre el Colegio de la Abogacía de Barcelona y el Colegio de Abogados de Madrid se debe a que somos los dos colegios más grandes de España y tenemos unas necesidades si­milares. Queremos aprender los unos de los otros y por tanto he­mos creado comisiones mixtas en todas las áreas: deontología, honorarios, turnos de oficio, etc. Nos reunimos periódicamente y nos hemos hecho buenos ami­gos, que es algo importantísimo.

MEG

El hecho es que hemos detec­tado problemáticas en nuestras sedes judiciales que suceden tanto en los juzgados de Ma­drid como en los de Barcelona. Tienen un ritmo similar de acti­vidad, de colapso, el cambio de los jueces también es constan­te. Creo que es muy importan­te que afrontemos estos pro­blemas similares para defender los intereses de los abogados y abogadas de nuestros respecti­vos colegios.

Sin duda también es cierto que en nuestras ciudades tenemos despachos con unas estructu­ras muy similares de funciona­miento y que, por lo tanto, tie­nen también unas necesidades más características a las que queremos atender. Es importan­te que, en este sentido, también podamos poner en común cuá­les son estas necesidades y faci­litar herramientas que de alguna manera les ayuden en este día a día del ejercicio de la profesión.

¿Existe realmente igualdad entre hombres y mu­jeres en el sector de la Abogacía?

MEG

Estrictamente hablando, en puridad no. En estos momentos nos estamos dando cuenta de que las diferencias salariales existen. De hecho, el Consejo General de la Abogacía Española ha realizado un estudio muy exhaustivo con relación a estos datos. Estadísticamente hablando, está demostrado que tenemos una brecha salarial en estos momentos entre hombres y mujeres que ronda alrededor del 20 por ciento.

También se ha comprobado que en las estructu­ras de los despachos el porcentaje de socias es de alrededor del 17 por ciento, lo cual también es un dato muy revelador del problema porque en la es­tructura de base de todos los despachos la paridad sí existe.

En estos momentos, la incorporación en Barcelona de la mujer es del 63 por ciento en el Colegio de la Abogacía frente al 37 por ciento de hombres. Este cambio se está produciendo sin duda porque las mujeres están subiendo pero si no ayudamos con unos buenos planes de igualdad a que esta realidad se haga efectiva en el menor tiempo posible, real­mente no servirá de nada todo el esfuerzo que se está haciendo a nivel institucional.

Lo importante sobre todo es que trabajemos coor­dinadamente para que la mujer no se vea discri­minada en este entorno profesional y competitivo como es la Abogacía.

¿Percibís lo mismo desde el Colegio de Abogados de Madrid?

JMA

El problema no es el acceso a la Abogacía, porque efectivamente el número de abogadas es superior al número de abogados, no sólo el que entra en el colegio sino el que entra en los despachos. Y en­tran hombres y mujeres en igualdad de oportunida­des, al menos en los despachos en los que yo he estado.

El problema se empieza a plantear cuando la mujer entra en la edad de la maternidad, cuando decide ser madre. Muchas de ellas se ven en la necesidad de dejar sus trabajos y nosotros tene­mos que buscar herramientas -yo creo que las nuevas tecnologías tienen que ayudar muchísi­mo en este sentido-, para que la mujer no se vea obligada a dejar una magnífica carrera profesio­nal por tener que atender a la familia y pueda conciliar.

El grave problema es la conciliación, por eso se están estableciendo sistemas de teletrabajo; no se está exigiendo la presencia para las promociones, porque además de ser un tema profundamente in­justo, supone una enorme pérdida de talento. La cantidad de mujeres que dejan la profesión por no poder conciliar es grandísima. Abogadas a las que se intenta formar y dar una carrera y de pronto se tienen que marchar. Es un problema gordísimo para el que todos tenemos que encontrar solucio­nes.

¿De qué manera se está fomentando el crecimiento de los jóvenes en el sector de la Abogacía?

JMA

Lo que nosotros estamos haciendo desde la Junta de Gobierno del Colegio de Madrid es que primero haya una enorme participación de los jóvenes en el Colegio. Tenemos dos diputados que representan a la Agrupación de Jóvenes Abogados, el presidente de AJA está en la Junta para todos los asuntos y solo se ausenta cuando hablamos de temas deon­tológicos. Traslada las necesidades de los jóvenes a la Junta y nosotros tratamos de implementarlo.

Ahora queremos crear espacios utilizando el an­glicismo del coworking para que los jóvenes pue­dan relacionarse entre ellos y estamos aplicando políticas de formación muy importantes. También queremos crear un sistema de mentoring para que abogados más veteranos formen a los abogados más jóvenes con el fin de intentar ayudar, sobre todo a aquellos que tienen menos oportunidades.

MEG

Sí, nosotros también tenemos un papel muy rele­vante para los jóvenes en el Colegio de la Abogacía de Barcelona. Están presentes también en la Junta de Gobierno. Esto fue una decisión que también se adoptó por parte de mi Junta de Gobierno. Es fundamental que puedan puntualmente acudir a las juntas y saber qué es lo que se está tratando.

Además es cierto que se trata de un grupo muy ac­tivo que está realizando muchas actividades de for­mación, que ellos mismos coordinan en función de los intereses que van mostrando los jóvenes abo­gados.

Tienen también un programa de mentoring que está funcionando desde hace ya mucho tiempo con el que todos en el Colegio estamos sensibiliza­dos, y cooperamos y colaboramos con ellos.

También se han involucrado mucho en un proyec­to que se llama “Yo quiero ser madre” en el que precisamente luchan contra la pérdida de talento femenino que hablaba el decano, que es algo fun­damental por lo que se debe luchar porque real­mente está sucediendo y se debe combatir. Aquí los jóvenes están trabajando y de alguna manera es importante que ellos, y ellas sobre todo, sepan que el hecho de ser madre va a ser compatible con el éxito profesional. A través de este proyecto están desarrollando una serie de programas y de activi­dades.

Están siendo muy activos en todo lo que tiene que ver con las nuevas tecnologías, como formación en herramientas para poder mejorar la calidad del trabajo, en la línea de fomentar el teletrabajo.

Además, tenemos una comunicación muy fluida, muy directa y participativa, que yo creo es lo que realmente les ayuda. Diputados responsables de la Junta de Gobierno del grupo de los jóvenes se in­volucran de una manera mucho más directa con ellos. Sin duda el papel de los jóvenes es funda­mental.

Mª Eugenia Gay. Decana del ICAB  

¿Cuál es vuestra opinión sobre la situación del turno de oficio en términos de dignidad de for­talecimiento y también de reconocimiento de los abogados?

JMA

El turno de oficio es un elemento fundamental para la defensa del Estado de derecho y para todos aquellos ciudadanos y ciudadanas que no tienen recursos para poder tener un abogado de su elec­ción.

Creo que hay que hacer varias cosas en relación con el turno de oficio. En primer lugar, formarles muy bien. Para mí esa es una obsesión. Nadie pue­de pensar que hay abogados de primera y aboga­dos de segunda. El abogado que esté defendiendo a alguien que merezca justicia gratuita tiene que estar perfectamente bien formado y por tanto el Colegio tiene que insistir muchísimo. Segundo, yo creo que hay que ser extraordinariamente rigurosos en las prestaciones de los servicios por parte de los abogados del turno de oficio.

Tienen que tomarse de verdad en serio, muy en serio, y lo hacen y hemos tenido excelentes reco­nocimientos recientemente por parte del Tribunal Supremo, el trabajo que hacen porque es impor­tantísimo.

En Madrid tenemos en torno a seis mil abogados que se dedican al turno de oficio, pero para ello las admi­nistraciones también tienen que hacer un esfuerzo y pagarles razonablemente. No se les paga razonable­mente. En tiempo están mejorando y al menos la Co­munidad de Madrid ya nos ha dicho que va a pagar a mes vencido. El Ministerio de Justicia también lo hará así si logramos solucionar algún problema que tenía­mos que afectaba a Madrid en los órganos centrales.

En mi opinión, no creo ya que el problema sea tanto de tiempo, sino de cantidades. Hay cantidades que son absolutamente ridículas. No se puede pagar 40 euros al día por asistencia a un macro juicio, cuando este tipo de trabajo colapsa por completo el despa­cho. O 300 euros por hacer un recurso de casación, que es uno de los recursos más complicados que existen. Las administraciones tienen que hacer un es­fuerzo de mejora y de equiparación a las retribucio­nes de mercado en relación con el turno de oficio.

MEG

Sí, yo coincido plenamente con el decano en cuanto al tema de la importancia. Siendo un derecho prote­gido constitucionalmente para los más vulnerables y dado que recientemente el Tribunal Constitucional ha manifestado que es obligatorio que los abogados y abogadas de España lo presten, creo que es fun­damental el compromiso del Estado para mejorar la retribución y la remuneración. Lo que no se puede es obligar por parte de un poder del Estado a que ejerzamos, aunque como es evidente que se hace con todo el sentido de la responsabilidad, porque es un servicio que se presta de una manera muy gratificante por parte de los abogados del turno de oficio, pero lo que no se puede pretender es que se preste gratis.

De la misma manera que estamos contemplando el salario mínimo interprofesional, hemos de con­templar esto. Incluso más allá de las competencias, porque la Administración de Justicia en esos mo­mentos tiene las partidas que tiene. Es decir, esto ha de ser un compromiso de Estado. Que realmente sean conscientes que de la misma manera que se regula el salario de los trabajadores, se ha de regular la remuneración digna y ajustada al trabajo que se hace por parte de la Abogacía de España. Lo que no se puede es garantizar un derecho esencial de defensa de la ciudadanía, obligar a los abogados y abogadas a ejercerlo, pero luego no retribuirlo por­que esto degrada la profesión y la coloca en una situación complicada económicamente hablando.

En Barcelona tenemos 3.300 abogados adscritos al turno de oficio. La satisfacción del ciudadano es ex­traordinaria. Nosotros solíamos hacer unas encues­tas para tener conocimiento de la valoración que tiene la ciudadanía del abogado de oficio que se le asigna y estamos alrededor del 8.5 y 9, es decir, una valoración muy positiva del abogado.

Nuestros colegiados están muy bien formados y el Colegio asume esta responsabilidad como también lo hace el Colegio de la Abogacía de Madrid, pero no podemos ceder en la reivindicación.

Desde que estoy ejerciendo, la reivindicación es constante año tras año. Veinte años reclaman­do una retribución digna y no se ha movido un ápice. También es cierto que en Cataluña es una competencia que tenemos transferida y nosotros sí estamos cobrando puntualmente y un poquito ‘más digno’. Nuestros abogados están cobrando un poco más que en otras comunidades autónomas.

JMA

Además, esto no afecta sólo a los abogados, también a todas las profesiones relacionadas con la Administra­ción de Justicia: procuradores, jueces, fiscales. Parece ser que a la clase política es lo que menos le importa.

Hay que recordar que la Administración de Justicia no solo supone la defensa del Estado de derecho y un pilar, sino que una Administración de Justicia que funciona es generadora de riqueza.

Como representantes de los colegios de aboga­dos más importantes de España, ¿creéis que los colegios profesionales deben tener más influencia en las decisiones socio-políticas del país?

JMA

Yo no tengo ninguna duda. Los abogados somos los que mejor conocemos a los ciudadanos, incluso des­de antes de que nazcan, porque ahí está la protección del nasciturus, hasta después de su fallecimiento. Tratamos con sus problemas familiares, con sus pro­blemas económicos, cuando hacen operaciones de cualquier tipo. Por tanto, no tiene sentido que la Abo­gacía, a través del Consejo o con el apoyo de los Co­legios, no tenga una influencia en toda la elaboración normativa de este país y en las modificaciones que se planteen. Que le digamos a la clase política realmente qué es lo que quiere el ciudadano. Porque somos un termómetro único en la sociedad de las necesidades del ciudadano y, por tanto, no podemos ser simple­mente consultados dos días antes para que digamos qué nos parece una determinada cosa. No, hay que estar de verdad, hay que crear comisiones de trabajo para realmente cambiar eso.

MEG

Totalmente de acuerdo. Añadiría que la fuerza nor­mativa es creadora de la realidad social como mo­tor del cambio, necesita una claridad y una concre­ción normativa y legislativa. Es decir, un rigor a la hora de redactar las leyes. Por lo tanto, es impor­tantísimo que el abogado esté presente en todo el proceso legislativo y que participe activamente, y para ello necesariamente hemos de influenciar en los poderes públicos y tener la capacidad de tener realmente una actitud proactiva tanto a la hora de proponer nuevas legislaciones, como para modifi­carlas o enmendarlas.

Opino que no debería pasar una ley por el Con­greso que no hubiera sido revisada por la Abogacía institucional. Como conocedores del Derecho y de la legislación, evitaría problemas a la hora de la in­terpretación de la norma. Se trataría de una revisión preventiva para que luego la interpretación pueda ser mucho más rigurosa también.

Habéis mencionado antes las nuevas tecnologías, ¿cómo inciden en los abogados y en vuestro oficio?

MEG

Hacemos una valoración muy positiva pero también detectamos que a nivel de colegios se está avanzan­do lentamente. Las nuevas tecnologías no han irrum­pido todavía de una manera masificada en el sector. Todavía existe una Abogacía muy tradicional, muy de solo practicioner. De un abogado individual en despa­cho pequeño que acude al juzgado día a día quizás y que está muy alejado todavía de precisar herramien­tas que le facilitarían el trabajo, pero que ha de ser consciente de que realmente las nuevas tecnologías han llegado para mejorar nuestra calidad de vida.

Han de ser conscientes de que va a suponer un beneficio para sus despachos, pero es cierto que se van incorpo­rando poco a poco. En los grandes despachos con mu­chos abogados y abogadas sí que es cierto que hay un aterrizaje mucho más importante de las nuevas tecnolo­gías y están cogiendo ventaja del beneficio que suponen.

JMA

Las nuevas tecnologías tienen una importancia enorme y suponen una gran oportunidad. Primero, por lo que hablábamos antes en relación con los temas de conciliación. Las nuevas tecnologías tie­nen que ser un instrumento básico para conciliar y para solucionar el problema de la mujer abogada. Segundo, las nuevas tecnologías tienen que ayudar a rentabilizar el trabajo. La realidad que yo he ve­nido percibiendo a lo largo de los años es que los clientes cada vez quieren más pagando menos y por tanto hay que ser muy productivo, extraordi­nariamente productivo; y las nuevas tecnologías te ayudan a llegar a ser muy productivo.

Pero luego hay amenazas, como todo el tema de la robótica o de la inteligencia artificial. Ya hay má­quinas a las que tú le presentas una demanda y son capaces de preparar una contestación a la demanda, al menos en sus partes de fundamentos de Derecho. Y eso se va a ir mejorando con el tiempo, con lo cual puede haber un riesgo de que algunos de los traba­jos que nosotros hacemos tiendan a desaparecer, y entonces ahí hay que buscar las oportunidades que se obtienen, porque las nuevas tecnologías también generan problemas jurídicos y por tanto hay que dar respuesta a esos problemas jurídicos.

Y para terminar este interesante debate, qué le diríais a un joven de 18 años que tiene que ingre­sar ahora en la universidad que dice: “Quiero una facultad de Derecho, quiero ser abogado”.

JMA

Pues yo le diría algo que dijo Voltaire, que el oficio de abogado era el más bello del mundo. Yo no sé si es el más bello del mundo, pero desde luego es un oficio verdaderamente fantástico. Es un oficio que te permite un contacto muy directo con la rea­lidad social. Es un oficio que te permite defender legítimamente intereses ajenos. Es un oficio que te permite un extraordinario desarrollo personal y, por tanto, yo le diría que ser abogado o abogada es una cosa muy importante.

Una de las cosas en las que estamos empeñados en el Colegio de Madrid es en que la Abogacía re­cupere el papel en la sociedad que tiene que jugar no solo como defensores del Estado de derecho, sino como operadores sociales, como operadores económicos, como generadores de opinión. Ver­daderamente yo creo que hay pocas profesiones que puedan ser tan completas como la Abogacía en ese sentido.

MEG

Yo primero le felicitaría por la decisión porque yo creo que sería una decisión acertadísima estudiar la carrera de Derecho. Es una carrera preciosa, muy bonita, interesante, apasionante y que te da acce­so a una profesión cuyo principal objetivo es el de defender los derechos y libertades de las personas, que es un trabajo increíble.

Requiere mucho esfuerzo, mucha dedicación, horas de estudio y análisis para conocer bien a las personas, al cliente. Realmente acabas formando parte de ese núcleo más íntimo de la persona que comparte sus problemas, los problemas que le afectan en el día a día de su vida, y esto sin duda es importante.

No hay que olvidar el conocimiento científico que se adquiere. La formación como jurista aporta un conocimiento del derecho de la sociedad, de la po­lítica, de la economía, de la cultura, en realidad es una carrera tan transversal que yo la recomendaría a todo el mundo. De hecho mi hijo acaba justo de empezar Derecho, no sé muy bien por qué… pero realmente es una carrera que recomiendo y que sin duda es apasionante.

JMA

Yo también les recomendaría a los que estudian Dere­cho que incorporaran en su formación conocimien­tos económicos, porque la sociedad cada día es más compleja y tener una formación en el área económica hará su carrera muchísimo más completa.

José María Alonso. Decano del ICAM

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