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Breve Historia de las publicaciones del Colegio

22/11/2018

Escribe Antonio Pedrol, en la presentación del primer número del Otrosí, publicado en marzo de 1986, que «la hoja informativa que inicia ahora su publicación pretende facilitar a los compañeros el seguimiento de los hechos por los que discurre la vida diaria del Colegio». Con el título de Otrosí informativo publicación del Boletín del Colegio de Abogados de Madrid nace la revista que, de forma prácticamente ininterrumpida, viene acompañando la vida de la Corporación a lo largo de 32 años. Dirigida en su primera etapa por María Ángeles Amador —primera Diputada en una Junta de gobierno del ICAM—, con una extensión de 16 páginas, surge como complemento necesario del entonces veterano Boletín del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid iniciado en 1917, convertido en 1985 en una revista de carácter científico y doctrinal.

Hacer historia de las publicaciones del Colegio nos obliga a retrotraernos a los años centrales del siglo XIX, en los inicios de los decanatos sucesivos de Manuel Cortina y Arenzana (1848-1879). En esos años fecundos y renovadores de la vida colegial, gracias a su impulso surgirán iniciativas que modernizarán la vida del Colegio consolidando su papel institucional. Entre otras, la creación de la biblioteca colegial en 1852 será uno de los hitos más destacables. La preocupación a lo largo del siglo por la formación de los profesionales, «basada en el estudio continuado, una vez iniciados como abogados era irrenunciable. Si bien se trata de un pensamiento vinculado a la profesión desde el mismo nacimiento de la misma, esta opinión era incomparablemente más necesaria en un tiempo de cambios radicales en el que, …, no solo se caracterizaban por la abundancia normativa sino por la fluctuación de las disposiciones con una celeridad e intensidad desconocidas hasta ese momento»[1]. La Biblioteca del ICAM cumplirá con esa función —de plena vigencia en la actualidad— proporcionado a los colegiados decimonónicos las herramientas necesarias a través de las publicaciones que empezaban a ocupar los estantes de sus librerías a lo largo del siglo. Entre ellas destacarán en un lugar relevante, las revistas jurídicas, empezando por los «boletines de todos los Ministerios» donados a la Biblioteca para completar su catálogo fundacional.[2]

Las publicaciones periódicas serán una de las herramientas características de vertebración de la profesión de la época: «La relativa liberalización del ejercicio de la profesión forense fue presupuesto de la aparición de unos instrumentos que cumplieron virtualmente con las funciones atribuidas a aquellas corporaciones, y a las que estas mismas recurrieron para defensa o control de la profesión»[3]. Las revistas se convertirán en el medio de expresión científica de la época, combinando esta función con la de aglutinar y cohesionar a la profesión. No podía por menos el Colegio madrileño que disponer de un órgano de comunicación “oficial” que hiciese llegar a sus afiliados, con la puntualidad necesaria, las informaciones pertinentes sobre las novedades legislativas o la vida de la Corporación. Podemos destacar dos etapas por lo que respecta a las publicaciones oficiales del Colegio de Madrid: una primera, desarrollada a lo largo del siglo XIX, cuyas publicaciones tendrán más bien un carácter “oficioso” que propiamente oficial del Colegio. Surgen por iniciativas ajenas en principio a la Corporación madrileña, si bien estrechamente vinculadas con ella, recibiendo posteriormente la aprobación de la institución. Posiblemente la ausencia de medios económicos para afrontar empresas de tamaña envergadura hacía imposible la asunción por parte del Colegio de tarea semejante. Una segunda etapa, iniciada a principios del siglo XX, propiciará la creación de un órgano de comunicación propio, con el Boletín del Colegio.

Dentro de las primeras, destacamos La Universidad y el Foro. Aparecida como semanario en 1842 con el título de La Universidad, y dirigida más al mundo académico y universitario, a partir de su número undécimo cambiará su orientación decididamente hacia lo jurídico, «proclamándose desde entonces  periódico oficial del Ilustre Colegio de Abogados, de la Academia de Jurisprudencia y Legislación y de la Sociedad de Socorros Mutuos de Jurisconsultos»[4]. Se constata su existencia hasta mayo de 1843.

En 1845 el Colegio madrileño apoyará una nueva publicación: La Gaceta de los tribunales. Semanario de jurisprudencia, legislación y administración[5], a la que también respaldará la Academia Matritense de Jurisprudencia. A partir de 1849 cambiará su denominación por la de El Foro Español, periódico de Jurisprudencia  y Administración, manteniendo su estrecha vinculación con el Colegio. En su páginas se publicará la Reseña histórica del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, de su antiguo Monte-pío y de la Sociedad de Socorros Mutuos de Jurisconsultos, con inserción de los Estatutos de los Colegios de Abogados y reales órdenes que los modifican en ese mismo año, primera historia impresa de la Corporación Madrileña, a cargo de Mariano Rollan e Ignacio Miquel y Rubert.

Con fecha 1 de mayo de 1851, el director del Faro Nacional, Francisco Pareja de Alarcón, se dirige al Decano para proponerle convertir el periódico en el medio de comunicación oficial del Colegio: «El Faro Nacional tendría siempre dispuestas sus columnas á la esposición de sus pensamientos, á la propagación de sus doctrinas, á la manifestación de sus planes científicos, benéficos y económicos, y á la publicación de sus anuncios...»[6]. En acta del 6 de junio de 1851, se nombrará a El Faro Nacional, «órgano oficial de esta corporación». La vida de El Faro Nacional como medio oficial del Colegio será corta: las discrepancias producidas entre la Junta de gobierno y su director —que había llegado a ser diputado 4º de la Junta—, a raíz de la promulgación del Real Decreto de 30 de septiembre de 1853, que contenía la Instrucción para arreglar el procedimiento de negocios civiles con respecto a la Real Jurisdicción ordinaria[7] darán al traste con la relación en noviembre de 1853. El Faro Nacional compartió su acreditación como órgano oficial de otras instituciones —otros colegios de abogados, Reales Academias, etc. — junto con la corporación madrileña, hasta su desaparición en 1865.

Apenas cuatro meses después, en febrero de 1854, el acta de la Junta de gobierno de 2 de febrero[8] constata la solicitud de Ignacio Miquel y Rubert para convertir al Boletín semanal de la Revista general de legislación y jurisprudencia en periódico oficial del ICAM. La Revista general de legislación y jurisprudencia comenzará su andadura en 1853 de la mano de José Reus e Ignacio Miquel y Rubert. Alicantinos ambos de origen, abogados, compartían parte de su peripecia vital —habían huido de Valencia con sus respectivas familias por las vicisitudes acaecidas en los estertores de la regencia de Espartero —, unirán su fuerzas —la experiencia de Reus como editor y director de un periódico jurídico y la capacidad intelectual, más afín al estudio del Derecho, de Miquel —, dando lugar a la creación de La Revista. Para acercar a los abogados «de forma exhaustiva, económica y, sobre todo, inmediata, los materiales normativos y jurisprudenciales que se conceptuaban imprescindibles para su profesión»[9], impulsarán la creación del Boletín semanal, que se publicará con la denominación de Boletín semanal de la revista General de Legislación y Jurisprudencia periódico oficial del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. Entre sus numerosas secciones, aparecerá una Sección de variedades, donde se publicarán de forma habitual «anuncios oficiales que el Colegio debía comunicar a sus letrados. Pero también en esta función prestaba sus páginas para hacer valer los derechos y prerrogativas de dicha clase; como cuando reproducía las peticiones para la libertad de defensa que algún colegio dirigió a las Cortes; insertaba artículos comunicados en los que se pedía la revocación de los decretos que obligaban a la colegiación para el ejercicio de la profesión; o se hacía eco de exposiciones como la de la Junta de Gobierno del Colegio de Madrid para que no se redujera el número de los abogados de pobres de la Corte»[10]. En 1857 cambiará su título por el de Boletín de la revista de Legislación y jurisprudencia. La vida de la publicación se prolongará hasta 1936.

Escribe Carlos Petit, en referencia al  papel que estas revistas decimonónicas desempeñaron: «La revista no solo se convirtió en el texto de la nueva época; no solo supo cubrir las necesidades de un ordenamiento construido día tras día sobre las ruinas de un régimen antiguo. La revista fue también el instrumento ideado por los juristas para elaborar un discurso común en torno a las normas y otorgarle así la categoría de ciencia»[11].

            En marzo de 1917 aparece el primer número del entonces denominado Boletín del Colegio de Abogados, correspondiente a los meses de enero y febrero, con periodicidad bimensual. En la presentación, el Decano Manuel García Prieto escribe que «el Boletín está llamado a ser —y lo será seguramente— el medio más eficaz de comunicación entre os colegiales, sirviendo para estrechar los vínculos de clase, no solo entre los abogados madrileños, sino entre todos los de España, porque ese es el pensamiento de su iniciadores y esos son los principios que animan á la Junta que tengo la honra de presidir». Esta era la consecución del proyecto presentado en Junta de gobierno de 22 de noviembre en el que se pretendía crea un «órgano de publicidad consagrado a la defensa de los intereses del Colegio y de la mejora y prestigio de la clase»[12]. En Junta de gobierno de 11 de diciembre de 1916, el Diputado Antonio Soto Hernández, comisionado a este efecto, lee a la Junta la memoria en la que se detalla y enumeran las características que ha de tener el nuevo Boletín, las distintas secciones que han de componer la futura publicación: acuerdos de junta de gobierno y generales; dictámenes y reclamaciones que se estimen convenientes; presupuesto y cuentas del Colegio y Montepío; traducciones de la doctrina, legislación y jurisprudencia extranjera; normas generales de regulación de honorarios; con carácter excepcional, trabajos doctrinales o de estudio de la legislación española o jurisprudencia; revista de revistas española y extranjeras; bibliografía; convocatorias a concursos y oposiciones; también se admitirán anuncios compatibles con la naturaleza del boletín. Esta primera etapa del Boletín concluirá en 1926.

            Una segunda época verá la luz en 1930, bajo el mandato de una nueva Junta encabezada por Ángel Ossorio y Gallardo y con un nuevo título: Boletín Informativo del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, si bien en 1934 desaparecerá el término “informativo” del nombre de la publicación. Esta segunda época se prolongará a lo largo de 50 números hasta junio de 1936. Interrumpida su publicación durante los años de la Guerra Civil, reaparecerá fugazmente en 1939 bajo la denominación de Revista del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. En su presentación, Miguel Pavón Isern, hará gala de la retórica del nuevo régimen. Pero habrá que esperar hasta 1946 para que el Boletín retome su curso habitual. El Decano Antonio Goicoechea saludará público lector: «Lanzar a la publicidad otra vez el órgano del Colegio, equivale a establecer el mejor soporte para la ansiada intensificación de nuestra vida corporativa. Aun  con la larga y honrosa tradición de todos nuestros Colegios… aislados los unos de los otros y rota entre los profesionales, la comunicación obligada y necesaria para los que desempeñan el mismo útil y honroso oficio».

            El Boletín se publicará de forma ininterrumpida hasta 1960, año que inaugurará una nueva época para la revista. La Junta ganadora de las elecciones de 1959, encabezada por el Decano Vicente Gella, aducirá razones de índole económica para su reestructuración. El primer número de esta etapa saldrá en febrero de 1960. La periodicidad, irregular en este periodo oscilando entre cuatro y seis números al año. El fallecimiento del que había sido su director Narciso Fernández Boixader, marcará un nuevo cambio de rumbo a partir de 1980. Bajo el decanato de Antonio Pedrol Rius y dirigido por José María Martínez Val, iniciará un periodo de transición hasta 1985, en que aparece con un nuevo aire: es ahora presentado como Revista jurídica general. Su director Martínez del Val indicará en la presentación que «una publicación jurídica no es una verdadera Revista si falla el aspecto doctrinal». El aumento de la tirada en un 50 % y la ampliación de número de colaboradores serán las características principales de este período. Desaparecerán en esta época, secciones tradicionales como Vida corporativa.

            La tercera época del Boletín comienza en 1996 bajo la dirección de Daniel Loscertales, bajo el decanato de Luis Martí Mingarro, que en la carta de presentación publicada en el primer número de la nueva etapa señalará que «el Boletín será la publicación familiar, aquella en la que podemos encontrar todos unas orientaciones jurídicas fundadas en aquellos campos del derecho más actuales y que necesitan más apoyo y consulta doctrinal». Será éste, el reforzamiento del papel doctrinal, el aspecto más relevante del nuevo Boletín. Su director abundará en esta idea en su nota de presentación:

«Es importante salir a la calle porque el colegio necesita contar con una revista propia de prestigio, donde los temas jurídicos más importantes y actuales, sean tratados por los mejores especialistas, desde un distinto punto de vista, Magistratura, Fiscalía, Universidad, Abogacía, etc. a fin de que estos trabajos sirvan de guía y fuente de estudio para todos los Colegiados y para los lectores en general». La nueva etapa del Boletín se caracterizara por ser ya plenamente una revista doctrinal, con un tratamiento monográfico de la mayoría de los números, de contenido altamente especializado. La vida de la publicación concluirá en 2008 cuando se publique su último número monográfico dedicado a Los derechos sociales en el siglo XXI. Posteriormente, con motivo del I Congreso de la Abogacía Madrileña celebrado en abril de 2015, se publicará un número especial conmemorativo con las ponencias presentadas al Congreso.

            Para cubrir la ausencia informativa correspondiente a la antigua sección Vida corporativa del Boletín, que recogía las actividades de la Corporación, surge en 1986, como vimos al principio de este artículo, el Otrosí informativo. El primer número dará cuenta de los acuerdos adoptados por la Junta de gobierno, entre los que destacarán la aprobación de las bases de funcionamiento del Centro de Estudios e Investigación del ICAM, o la no menos trascendental intervención del Decano Pedrol en la Junta General del 22 de enero, relatando el final del proceso de adquisición de la nueva sede colegial, Serrano 9: «Desde hacía siglos —casi cuatro desde la fundación de nuestro Colegio— existía la ambición corporativa de contar con un edificio propio, como lo tienen ya algunos otros Colegios de España». En noviembre de 1990, cuarenta y dos números después, concluirá la primera etapa del Otrosí.

            En enero de 1993 aparece el primer número de la segunda época de Otrosí ya bajo el decanato de Luis Martí Mingarro. Dirigido por un comité editorial formado por Jesús Santaella, Jorge Trías y Gerardo Viada, declara la intención de que «el Otrosí sea identificado con respeto como la voz de la Abogacía madrileña en todos aquellos asuntos en que se vea involucrada. En paralelo, el Boletín, previa la oportuna reestructuración, dará cabida, con el sosiego, rigor y periodicidad que los asuntos jurídicos más permanentes exigen, a los estudios e informaciones de fondo que nuestra profesión demanda». Esta nueva época incluirá la que se convertirá en una sección habitual que abrirá cada número: la Carta del Decano. Esta segunda época concluirá en 1998 con la aparición del último número, en 143 correspondiente a los meses de noviembre y diciembre.

            En febrero de 1999 se inicia la tercera época de Otrosí, bajo la dirección de Gerardo Viada. Esta nueva etapa se prolongará hasta noviembre de 2006, en que aparece número, el 79, que cerrará el ciclo correspondiente a ésta última época. Sus secciones habituales serán El Foro: actualidad del mundo del Derecho, Al Día: información profesional, El Colegio: servicios y actividades, y Tribunas. Incluirá además, otras secciones como Hemeroteca, Legislación, Lecturas o Intercambiador (tablón de anuncios).

            La cuarta etapa del Otrosí, bajo el decanato de Antonio Hernández-Gil, inicia su camino a principios de 2009. Con una estética renovada, periodicidad cuatrimestral y una nueva organización de sus secciones, que ahora serán El Colegio, Opinión, Servicios, Otras noticias y Sin toga, su vida será corta, pues durará tan solo tres números siendo el último el correspondiente a noviembre del mismo año.

En 2008 surgirá la versión electrónica de la revista: Otrosí.net. Con un marcado carácter diferencial respeto a la edición en papel, la versión electrónica adopta su formato al de una página web interactiva, donde la agilidad y la inmediatez en el acceso a la información serán los elementos preponderantes. Aparte de la necesidad de introducirse de lleno en las nuevas tecnologías, el menor coste editorial será uno de los elementos que en un primer momento determinen la desaparición de la revista en papel y la apuesta decidida por un nuevo formato en un nuevo medio: Internet. Este criterio será revisado posteriormente, decidiéndose la vuelta a la publicación de la revista en el soporte tradicional: en enero de 2010 aparecerá el primer número de la quinta época. Inaugura una nueva sección, Editorial, que abrirá cada número, «que dé cuenta de la posición del Colegio respecto de cualquier desafío al que deba hacer frente la profesión». En esta nueva etapa se pretende «no solo avanzar hacia la excelencia en sus contenidos jurídicos y asegurar que ofrezca valor añadido en relación con la numerosas publicaciones periódicas de carácter jurídico que ofrece el mercado sino, además —y sobre todo—, atender a las preocupaciones profesionales de los colegiados y acercarles el Colegio y sus Servicios». Esta nueva etapa estará dirigida por José María Alonso entonces Diputado 2ºy Javier Díez-Hochleitner. Sus secciones serán además del Editorial: Tribuna, Foro de Opinión, Novedades Jurisprudenciales y Legislativas, Observatorio de la Justicia y de los Abogados, Noticias y Servicios Colegiales. Esta época de la revista tendrá 13 números de duración, siendo el último el correspondiente a enero-marzo de 2013.

            En julio de 2013 aparece el primer número de la última época del Otrosí conocida hasta la fecha. En su editorial se marca la idea de cómo se entiende la revista en este periodo: «Junto a los artículos jurídicos, con su habitual excelencia y calidad, y las novedades legislativas y jurisprudenciales, se concibe la revista como herramienta de comunicación  con y para los colegiados». Bajo el decanato de Sonia Gumpert, esta sexta época contará con un consejo de redacción formado por José Manuel Pradas —Diputado Bibliotecario—, Rafael del Rosal, Rogelio Pérez Bustamante, Luisa Jaén, Jesús Sánchez y Mercedes Rey, al que se incorporará César Abella a partir del séptimo número, y Jaime Gómez, en el decimotercero. Su estructura será similar a la de la época anterior incluyendo alguna novedad: Editorial, Noticias, Entrevista, Crónica de Actualidad, In memoriam, Novedades Jurisprudenciales y Legislativas, Tribuna, Foro de Opinión, y Cultura. A partir del número 4 se incorporará un nuevo apartado con el nombre Secciones. Esta etapa de la revista consta de dieciséis números, siendo el último publicado en septiembre del presente año, ya bajo el decanato de José María Alonso. En este número, el Decano anuncia ya una nueva etapa de Otrosí, ésta que ahora ve la luz: «la transformación apenas acaba de iniciarse pero el rumbo es claro. Trabajamos ya y aspiramos a una publicación de verdadera referencia que, conservando intacta su identidad, sea más útil, más ambiciosa, de mayor calidad y de mayor prestigio».

            Una nueva etapa, llena de ilusión para una publicación con treinta años de existencia, que ha sabido renovarse y adaptarse a los tiempos mejorando sus objetivos en esta idea manifestada por el Decano en la presentación del último número hasta ahora publicado: «El ICAM que estamos construyendo tiene el compromiso y la obligación de conservar, enseñar y trasmitir nuestros principios y virtudes a todas las generaciones de abogados para acrecentar nuestro reconocimiento social. La Corporación solo justificará su propia existencia si tiene plena vocación de servir al colegiado. En ello estamos. Con pleno convencimiento de que el presente y el futuro está en nuestras manos, en las de todos y todas». ¡Larga vida al Otrosí!

Biblioteca del ICAM

[1] ÁLVAREZ ALONSO, Clara: El abogado en la época isabelina (1834-1868). En: Historia de la abogacía española. T. II. Thomson Reuters Aranzadi, 2015, p. 1222-1223.

[2] Memoria leída por el Excmo. Sr. D. Manuel Cortina, decano del Colegio de Abogados de Madrid, en la junta general celebra el 5 de diciembre de 1852. Madrid: en la Imprenta Nacional, 1852

[3] MARTÍNEZ PÉREZ, Fernando: Librerías de abogados y herramientas del bufete. Revistas profesionales y diccionarios jurídicos de la abogacía decimonónica. En: Historia de la abogacía española, vol. II, op. Cit. P. 1465

[4] CASTÁN VÁZQUEZ, José Mª: Pequeña historia de la Revista general de legislación y jurisprudencia (desde la atalaya de su centenario) (1853-1953). En: Revista general de legislación y jurisprudencia. Número extraordinario conmemorativo del centenario. AñoCI. Segunda época. T. XXV, p. 15.

[5] Op. Cit., p. 17-18.

[6] Acta de la Junta de gobierno del  ICAM de 4 de mayo de 1851. AHICAM 2.1.1.11

[7] Impulsada por José de Castro y Orozco, Ministro de Gracia y Justicia, puede considerarse “la primera disposición liberal española en imponer la motivación judicial en el procedimiento civil” (TORMO CAMALLONGA, Carlos: El derecho es la justicia de los hechos; a propósito de la Instrucción del Marqués de Gerona. Anuario de historia del derecho español, ISSN 0304-4319, Nº 81, 2011, p. 882-883). Su duración y vigencia fueron escasas. El Colegio publicó unas Observaciones sobre la Instrucción del procedimiento civil de 30 de septiembre de 1853, publicadas en  el tercer volumen de 1854 de la RGLJ  oponiéndose, sin entrar en el fondo de la cuestión, que era la de la motivación de las sentencias, al considerar que atentaba contra la dignidad de la abogacía (MARTINEZ PÉREZ, Fernando, op. cit. p. 1492.)

[8] Acta de la Junta de gobierno de l ICAM de 2 de febrero de 1854. AHICAM 2.1.1.11

[9] MARTÍNEZ PÉREZ, Fernando, op. Cit., p. 1495.

[10] Op. Cit., 1497

[11] PETIT, Carlos: Revistas españolas y legislación extranjera. El hueco del derecho comparado. Quaderni fiorentini, per la storia del pensiero giuridico moderno, nº. 35, 2006, t. I., p. 258

[12] Acta de Junta de gobierno de 22 de noviembre de 1916. AHICAM 2.1.1.15

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