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otrosí

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Número 14

| 2017

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Homenaje a la abogacía madrileña

Más de 300 abogados y abogadas de Madrid reci-

bieron el pasado 26 de junio, de manos de la Junta

de Gobierno del Colegio, un diploma honorífico

por los muchos años dedicados al ejercicio de la

abogacía adscritos a la Institución.

“Quienes celebran los 25, 50 y 60 años de profe-

sión configuran el retrato de lo que hoy es nuestro

Colegio, 420 años después de su fundación”, afir-

mó la decana. Un Colegio “sólido, fuerte, diverso,

pareciera que casi eterno y por otro lado y al mis-

mo tiempo, un colegio ágil, moderno, abierto a la

sociedad y a las tecnologías”.

El homenaje, celebrado en los Teatros del Canal en

presencia de 800 personas, comenzó con unminuto

de silencioen recuerdode IgnacioEcheverría, abogado

madrileño “que dio heroicamente su vida en Londres

en defensa de otra vida y en defensa por tanto de

nuestra sociedad”, dijo Sonia Gumpert.

Seguidamente tuvo lugar la jura de los nuevos letra-

dos, en cuya representación tomó la palabra Alba de

Valentín. Ser abogado, dijo, “consiste en resolver lo

que los demás no pueden resolver y en entender lo

que los demás no pueden entender”.

En nombre de los letrados colegiados en 1992 habló

Ignacio de Luis, recordando lasmáximas del buen le-

trado establecidas ya en la antigua Grecia: “la pureza,

la sencillez y la claridad”.

“Ser abogado es un orgullo y serlo durante 50 años,

un privilegio”, dijo Juan Antonio Sagardoy, letrado

de reconocida trayectoria que dio voz a los home-

najeados que cumplían medio siglo en el ejercicio

de la profesión.

Uno de los momentos más emotivos del acto llegó

con la entrega del diploma y la insignia a JoséMiguel

de Arrese, abogado de 84 años y 60 de profesión.

“Pensé que iba a ser el más viejo de todos”, dijo,

“y me he encontrado con un amigo y compañero

que tiene 96”.

Colegiados de Honor

Tras los diplomas y las insignias se hizo entrega de

las distinciones de Colegiados de Honor a Carlos

Slepoy y Gonzalo Jiménez-Blanco. En el caso de

Slepoy, abogado y activista en favor de los dere-

chos humanos fallecido el pasado mes de abril

en Madrid, la decana Sonia Gumpert entregó el

reconocimiento a título póstumo a sus tres hijos

como “un tributo a su persona y a su trayectoria”.

Carlos Slepoy, “que enarboló la justicia universal

como bandera de los derechos humanos” dijo una

de sus hijas, “no dejaba de pelear ni las causas

aparentemente perdidas”.

El diputado Javier Íscar fue el encargado de leer la

Laudatio de Gonzalo Jiménez-Blanco, “un jurista

neto de talla excepcional” que forma parte de ese

“puñado de escogidos que construyen cada día

y sin desmayo los cimientos de la nueva fábrica

de nuestra grandeza jurídica, política y cívica”.

Por boca de su hijo, que recogió en su nombre

el diploma y la medalla acreditativos, Jiménez-

Blanco agradeció la distinción “porque supone

el reconocimiento de tus compañeros, que es

lo mejor que se puede obtener”, y afirmó tener

la sensación “de que pertenecer al Colegio de

Madrid es una ventaja añadida sobre los demás

colegiados”.

En la clausura del acto, la decana anunció el

propósito de la Junta de Gobierno de hacer

de este acto una cita anual para rendir a los

compañeros y compañeras “el homenaje que

merecen”. La ceremonia fue conducida por la

diputada y secretaria de la Junta de Gobierno,

Carmen Pérez Andújar, y amenizada por el cuar-

teto de cuerda Nebra y el Coro del Colegio de

Abogados de Madrid.